TODOS LOS MUNDOS, EL MUNDO
Miércoles, 22 de Agosto de 2007En una entrevista realizada en los años 80, un periodista preguntaba a Jesse Jackson, candidato a presidente de los Estados Unidos, si se sentía como un norteamericano aspirante a la presidencia o como una persona de raza negra aspirante a la presidencia.
Jackson, sorprendido por la pregunta, contestaba que el se sentía negro y norteamericano al mismo tiempo. Pero el periodista insistía: ¿cuáles son sus prioridades, las de una persona que pertenece a un determinado grupo étnico que casualmente es norteamericano o viceversa?
Nuestro protagonista, al final, conseguía encontrar un argumento para justificar la imposibilidad de la respuesta. Él, decía, era incapaz de comparar los dos sentimientos porque había nacido negro en Estados Unidos, no norteamericano en la Negritud.

El sentimiento que trata de analizar este diálogo es vivido por todas las personas de una u otra forma. Porque todos pertenecemos, a la vez, a varios grupos de referencia. Pero eso es algo de lo que no nos damos cuenta hasta que esos colectivos entran en conflicto.
Si hablamos de culturas de origen, el sentimiento de identidad bicultural es cada vez más frecuente. Lo sienten los latinos que viven en Estados Unidos, los pakistanís de Inglaterra o los magrebís que llevan años trabajando en Europa. Si pensamos en grupos de referencia, la sensación de tener dos importantes la tienen los jóvenes que pertenecen a una tribu urbana y cursan una carrera universitaria; los futbolistas que juegan en su equipo y en la selección; las personas que participan en asociaciones políticas y a la vez trabajan en mundos muy absorbentes que propician los lazos emocionales…
En todos esos casos, nos encontramos con personas que tienen dos colectivos de referencia.
En situaciones habituales, las investigaciones muestran que, para ellos, esto no constituye ningún problema. La persona adapta su personalidad en función del grupo en el que se encuentre: consigue ser ella misma en el fondo, pero la forma es distinta.
La dificultad se produce cuando la persona se siente obligada a elegir. La elección es, habitualmente imposible, porque los sentimientos de pertenencia son muy distintos.
En parte, nos evaluamos a nosotros mismos según nuestras afiliaciones grupales. Si entendemos que nuestro grupo es superior, tendremos más autoestima. Y por eso una identidad étnica positiva contribuye a una autoestima positiva.
Los estudios muestran que las personas con identidad bicultural, aquellos que se sienten miembros de dos culturas a la vez, tienen una autoestima más alta.
Pertenecer a dos grupos les da mucha seguridad en sí mismos y no parece una buena idea obligarles a elegir.
Porque algo se romperá en su interior si tienen que renunciar a una parte de su identidad.