Archivo de Agosto de 2007

ESTAR FELIZ, NO SER FELIZ

Viernes, 31 de Agosto de 2007

Hay una pregunta que está en la base de muchas investigaciones sobre la felicidad…
¿Para ser felices nos basta con conseguir continuamente el placer?
¿Estamos satisfechos con nuestra vida cuando conseguimos disfrutar todo el tiempo o necesitamos algo más?

La respuesta a esta cuestión psicológica oscila, desde antiguo, entre dos polos. 
Por una parte, hay teorías que afirman que el ser humano sólo busca el bienestar continuo y todos nuestros actos se encaminan a ese fin.  De hecho, el sentido común parece entenderlo así cuando identifica placer y felicidad.  Si queremos imaginarnos felices, casi siempre creamos una escena en la que todo es hedonismo: una playa o algún otro lugar apetecible, buena compañía, sabrosa comida, tiempo de ocio sin esfuerzo…  Éstas suelen ser las respuestas más habituales.

Esto demuestra que disfrutar es una forma de adquirir felicidad, pero, ¿es suficiente?  Parece ser que, para la mayoría de las personas, no.  Para demostrarlo, el filósofo Robert Nozick diseño un curioso experimento mental…
Se trataba de imaginar una máquina que pueda proporcionar cualquier tipo de experiencias que deseemos. En el interior de ese aparato tendríamos las mismas sensaciones y sentimientos que si estuviéramos experimentando de verdad el mundo.  Por ejemplo, podríamos sentirnos exactamente igual que si la paz mundial se hubiera conseguido.  O vivir las sensaciones que experimentaríamos si tuviéramos la experiencia sexual más gratificante de nuestras vidas.  O tener el mismo estado mental que se adquiere después de haber tenido una idea brillante y creativa.  Por supuesto, todo esto lo sentiríamos dentro de la máquina.  El mundo, fuera, continuaría su camino.  Nada de esto sería real.
Una vez introducidos en la máquina, no nos acordaríamos de hemos entrado en ella y jamás podríamos salir de allí.
¿Aceptaríamos entrar allí dentro?

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La inmensa mayoría de la gente responde que no.  Para ellos, este aparato sería sólo un inmenso engaño.  Nozick demostraba así que la mayor parte de la gente necesita una felicidad real, consciente y trabajada que vaya más allá del placer. No nos basta con sentirnos bien continuamente: queremos que nuestro sentimiento se alcance después de momentos difíciles que nos hagan más conscientes de cuáles son nuestros objetivos.
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Por suerte, en la vida real suele ser así.  Cuando alcanzamos la felicidad, nunca la sentimos como algo grandioso y permanente. Y de hecho, cuando estamos a gusto con nosotros mismos, no solemos darnos cuenta porque estamos demasiado ocupados en vivir y disfrutar.
Todo lo contrario de lo que nos ocurriría en la onanista máquina del placer imaginada por Nozick.




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