NOSOTROS Y LOS OTROS
Jane Goodall es uno de mis mitos.
En parte, porque es uno de los seres humanos que mejor comprende la forma de pensar y de sentir de los chimpancés…
En los años cincuenta del siglo pasado, esta mujer fue una de las tres personas a las que el antropólogo Louis Leakey encomendó la tarea de estudiar las tres grandes ramas de primates. Ella se dedicó a los chimpancés, Biruté Galdikas a los orangutanes y Dian Fossey a los gorilas.
Como las autoridades negaban el paso a la región de los chimpancés a una mujer joven y sola, Jane tuvo que convencer a su madre de que la acompañara durante unos meses. Poco a poco, nuestra protagonista consiguió ir acercándose a los primates. Al cabo de unos meses, ya era capaz de distinguir a un individuo de otro.
Un día, vio a un chimpancé fabricando herramientas para pescar termitas. Sus monos empezaron a interesar a la comunidad científica…
Jane Goodall continuó con sus observaciones. Y aprendió que los chimpancés bailan, se besan, se abrazan y se dan la mano. Aprendió que muestran todo un catálogo de emociones: felicidad y tristeza, orgullo y desesperación…

Hace unos años, Jane se implicó en el activismo político. Así contaba en una reciente entrevista el giro que había dado su carrera:
“En esa época iba a hablar a sitios como el Capitolio de Estados Unidos o el Parlamento Europeo. Daba conferencias de prensa sobre cosas como el comercio de carne de animales de la selva. Gradualmente, eso empezó a ampliarse y entonces me di cuenta de que lo que tenía que hacer era trabajar sobre todo con los niños, porque estamos dañando gravemente su futuro y sentí que teníamos la responsabilidad no sólo del futuro de los chimpancés, las selvas y la vida salvaje, sino también de nuestros propios niños”.

El giro vital de Jane Goodall sorprendió a muchas personas. Pero, desde el punto de vista psicológico, la postura de esta primatóloga es absolutamente coherente. La empatía, la capacidad de ponerse en el lugar de los demás, permite que los seres humanos seamos solidarios con aquellos que se nos asemejan… y, también, con aquellos que son muy diferentes de nosotros. Una persona empática que siente que un ser vivo sufre, deja de causarle dolor. Sea quien sea ese ser vivo: no es necesario, ni siquiera, que le caiga bien. Lo que le sale de dentro es evitar el daño.
Sin embargo, cuando la capacidad de empatía falla, el potencial para atormentar se multiplica.
Una investigación que leí hace poco mostraba que la inmensa mayoría de asesinos en serie eran, en su infancia, maltratadores de animales. Los psicópatas carentes de empatía no son capaces de sentir ni la aflicción que están causando a otras personas, ni la que sufren otros seres vivos.
Jane Goodall supo que el dolor es independiente de las capacidades de pensamiento. Lo que más nos asemeja a otros seres vivos es el sufrimiento. Y lo que nos hace más humanos es la necesidad de evitarlo.
27 de Julio, 2007 - 6:25 pm
Las imágenes son de Jill Greenberg. Esta fotógrafa ha conseguido conmocionar dos veces al mundo: la primera, con sus retratos de monos, la segunda, con sus fotografías de niños llorando. Se ve que las iniciales J. G. dan siempre para mucho…
Sobre empatía no se me ocurre ningún buen libro. Vivimos en una sociedad que fomenta la psicopatía y el individualismo. Por mencionar un ejemplo que tiene que ver con el trabajo de Jane Goodall: durante la invasión de Irak, los países miembros del ejército invasor bombardeamos un hospital materno-infantil en Bagdad. Intenté hacer un programa sobre el tema y fui incapaz de encontrar una aproximación sobre el número de víctimas que habíamos causado. Unos cuantos periodistas, cuando les pregunté, me dijeron aquello de: “No importa: daños colaterales”…
Pero vaya, por aquello de coger cariño a otros seres vivos os recomiendo “Por la senda del hombre”, el libro en el que Jane Goodall describe sus relaciones con los chimpancés. Es una lectura muy simpática.
27 de Julio, 2007 - 7:56 pm
magnificas fotos …descubro tu blog por otros enlaces …y me llevo yu link …asi de impulsiva soy …
27 de Julio, 2007 - 7:59 pm
Siento ser el primero…
Así que, para empezar, me pregunto si he entendido bien el tema de la empatía en humanos y primates: ¿ambos estamos dotados de empatía? ¿Se daría, en algunos casos, esta carencia en humanos y primates? ¿Su ausencia haría al indivuo que la “sufre” -humano o animal- más o menos adaptativo y/o competitivo con su entorno y con el grupo? Es decir, ¿resultaría “aleatorio” -como cualquier otra enfermedad- o se “refuerza” generación a generación, multiplicando su número e influencia?
Me dicen que tengo que irme… “Amenazo” con seguir…
27 de Julio, 2007 - 8:36 pm
Jane Goodall acierta en eso de tratar a los niños. Sí desde pequeños aprender a compartir y a identificarse con los demás, aprenderan a ser menos individualistas de lo que somos actualmente en esta sociedad atomizada. Como todos los pedagogos han defendido, a lo largo de la historia, es esencial enseñar las costumbres positivas desde muy pequeños, más tarde sería muy dificil.
Ademas, Jane Goodall tiene otro libro sobre sus experiencias con los chimpances A través de la ventana, recomiendo también su lectura. En él nos cuenta que los chimpances se parecen a nosotros, más de lo que creemos, porque entre diferentes grupos se entablan guerras con sus muertes, y habla de casos de canibalismo.
27 de Julio, 2007 - 10:35 pm
“Sin embargo, cuando la capacidad de empatía falla, el potencial para atormentar se multiplica. ”
Con permiso de Luis, he “copiado y pegado”. De verdad es terrorífico lo que implica esta frase… Yo creo que a los torturadores, debe fallarles algo mas que la capacidad de empatía… Si no no se entiende (yo al menos no!) que alguien sea capaz de torturar a otra persona, de verle sufrir y no sentir compasión por ella…
En algún lado, he leido que los nazis adoptaron el metodo de las cámaras de gas, entre otras cosas porque no implicaba “desgaste emocional” para los verdugos que accionaban dichas cámaras… Eso frente a otros métoddos que probaron y que, con una frialdad terrorífica, describieron con detalle…
A veces pienso que deberíamos habernos quedado en organismos unicelulares.
28 de Julio, 2007 - 12:38 am
Sí, creo que también escogen para jefes de personal en departamentos de recursos humanos a personas con baja empatía.
Estamos rodeados…, menos mal que la mayoría no llega a la categoría de asesino en serie.
En cuanto a Jane Goodall, chapó, también es otro de mis mitos infantiles. El trio de mujeres que deja su vida acomodada y se va a la selva a observar animales que no conocen para nada. Yo de mayor quería ser como ellas, quizá por eso hice veterinaria. Aunque luego me saliera rana…
El futuro es de los niños. Y no sólo les estamos dejando un mundo incierto, sino que… vaya niños estamos haciendo!!! Como leí hace poco por ahí: antes querían ser de mayores médicos, bomberos, maestros, fontaneros…. Ahora quieren ser magnate de los negocios, traficante de drogas, famosoqueganaunapastaentiemporecordhaciendonada, mega número uno de la consola… Y así hasta el infinito.
Perdón por el offtopic, pero es que hay niños con los que se hace difícil tener empatía, juas.
28 de Julio, 2007 - 4:35 am
Qué bueno lo de los jefes de personal, estamos rodeados de seres no empáticos, pasan por normales ¿serán psicópatas, aunque no maten en el sentido literal de la palabra?. Creo que no es una enfermedad.
Hablando del trabajo, una anécdota, por las tardes me quedo yo sola en el servicio, no sé que tuve que resolver, y mira por donde lo hice bien, al día siguiente vino mi jefa y dijo “las decisiones aquí, las tomo yo”, luego vino el superior “para pensar estoy yo”. No entiendo nada.
28 de Julio, 2007 - 8:56 am
Pues yo dudo que todos los puestos de empleo de desempeño autoritario los ocupen personas no empáticas por naturaleza: Uno empieza acatando, por necesidad (económica, afectiva, etc.), el “libro de estilo” de la empresa, órdenes que no le gustan, y termina por integrarlas en su lógica y se desentiende de los efectos que cause en el prójimo.
Y no sólo en la vida laboral. ¡Cuántas personas se forman bajo expresiones antiempáticas como “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”, “a mí no me importa lo que haga tu amiguito”, “tú, a lo tuyo”, “sálvese quién pueda”…!
28 de Julio, 2007 - 10:01 am
Es que el desempeño de cualquier trabajo, nunca debe ser autoritario, todos tenemos jefes, o casi todos, la labor no es aquí estoy yo, y soy el que mando, el caso anterior, es de clara no empatía, pero también de orgullo, falta de autoestima y en cierta manera se atenta contra su mandato. ¿Por qué no se plantea el jefe, no como un amigo, porque eso sería la mayor de las ingeniudades, pero sí, una persona que sepa coordinar, delegar, confie en su grupo, y no vea amenazas donde no las hay?, no es ya que no se pongan en el lugar del otro, eso sería el no va más, es que sus frustraciones no caigan en sus subordinados, al fin y al cabo, hay que ser más list@…… y desde luego no permitir bajo ningún concepto que ocurran ciertas cosas…..
Un jefe que dice que es el jefe, cuidadito con él…..
28 de Julio, 2007 - 10:12 am
La verdad es que llevamos ya varios casos, desde que Muiño repuso su bitácora de El Hábitat del Unicornio, en los que LA EMPATÍA es su centro de atención. Me parece un tema, además, muy interesante. Éste es el último…
Si no he entendido mal -en lo que llevo aprendido hasta ahora, gracias a Muiño-, los psicópatas serían aquellas personas carentes de empatía, es decir, según nos vuelve a re-definir don Luis aquí mismo -más arriba-, que “no son capaces de sentir ni la aflicción que están causando a otras personas, ni la que sufren otros seres vivos”.
Quiero pensar que, a pesar de que esta definición acota su incapacidad a la aflicción que CAUSAN a otras personas, también se incluirían a todas las aflicciones, en general, de las personas, fueran o no causadas por ellos…
Eso no querría decir, por tanto:
. que no lo noten, que no lo entiendan, que no tuvieran la capacidad racional de saber, por un lado, que ciertas causas dan lugar a ciertos efectos negativos en personas y seres vivos, en general;
. que, por tanto, suprimiendo o iniciando ciertas acciones, dieran lugar a eliminar o producir sufrimientos a los demás;
. que todo sufrimiento ha tenido una causa previa;
. que el sufrimiento, cierto tipo de sufrimiento, resulta en muchos casos incapacitante total o parcialmente, a corto o a largo plazo, para el que lo sufre;
. que, finalmente, todo esto, como todo “lo demás”, en esta vida, es útil y legítimo para que cada cual pueda explotarlo al máximo de posibilidades para “salirse con la suya”, es decir, sacar ventaja sobre los demás y conseguir medrar uno mismo en sus propósitos y para su propio beneficio… (Precisamente, este último punto, ¿sería la diferenciación entre el psicópata y el que no lo es?).
Resumiendo: que la única “carencia” que “padecen” sería, pura y llanamente, no SENTIR el sufrimiento ajeno; el sufrimiento ajeno no les hace sufrir a ellos mismos…
Como no soy psicólogo, no voy a “sufrir” mucho diciendo, seguramente, las siguientes “barbaridades”… pero, al fin y al cabo, en eso consistiría la “inocencia” del ignorante…
* Todo lo que seamos capaces de sufrir como consecuencia de observar el sufrimiento ajeno… será bastante limitado y subjetivo. Me explico: como carecemos de una auténtica conexión cerebro-cerebro, jamás podremos hacer otra cosa que suponer, imaginar el tipo de sufrimiento ajeno, su grado y sus consecuencias incapacitantes para el otro (de ahí falsas interpretaciones y problemas de pareja y de relación en general). Sólo podremos “interpretar” lo que viéramos o escucháramos… y además sólo según nuestros propios sufrimientos que anteriormente hubiéramos podido vivir (el dolor de una patada en los coj…, por ejemplo, es imposible “imaginar”… a no ser que ya hayamos pasado por la experiencia).
Los dolores psicológicos, creo que estaremos de acuerdo, funcionarían parecido… PERO, también estaremos de acuerdo, en estos casos las mismas causas no producen -ni por asomo- idénticas consecuencias: por ejemplo, aquello de la “resilencia”, que también he aprendido aquí en El Hábitat, que nos diferencia notablemente a unas personas de otras; el estrés no resulta igual en todos aun habiendo las mismas causas estresantes…
* Y, digo yo, por tanto, que sólo se me ocurren dos hipótesis:
1.- Si para que los “normales” “sintamos” el sufrimiento ajeno deberíamos haber sufrido dicho sufrimiento antes, y siendo que esta gente no siente el sufrimiento ajeno… ¿no debería ser porque ellos no sean capaces de sentir sufrimiento? Es decir, que no sienten el dolor ajeno porque no notan el propio…
2.- Si no podemos imaginar, por ejemplo, que una simple patada en los coj…. no nos duela a todos por igual (incluyendo a psicópatas)… ¿no sería, por tanto, la conclusión que no sólo “entiendan” el dolor ajeno, sino que (a pesar de lo que nos dicen los psicólogos) también lo “sientan” y que, por tanto, la única diferencia con los “normales” fuera que no les “importa” un carajo…?
A partir de aquí… el panorama cambiaría radicalmente:
.- ¿No nos hemos sentido nosotros mismos, cualquiera de nosotros, en algún momento, así? ¿en mayor o menor grado? ¿con mayor o menor frecuencia?
.- Es decir, en la vida diaria ¿no hay momentos en los que nos importa nada el otro -aunque sufra, ¡que se joda!- para salirnos con la nuestra?
En el trabajo, en la familia (desde que nacemos…), en las relaciones sociales, deportivas, etc., etc., ¿no es una “lucha” constante -”sentimentalmente” hablando- en la que siempre nos encontramos que una satisfacción propia -siempre- dará lugar a una insatisfacción ajena…? ¿por muy ética y legal que esta decisión o postura resultara? ¿no consistiría la madurez, precisamente, en eso: no ponerse a berrear y hundirse en la miseria cada vez que no nos salgan las cosas a nuestro gusto?… ¿No se le “parece”, por tanto a no “sentir” tanta -por frecuencia y grado- frustración, tanto la propia como ajena…?
¿Dónde empieza y termina la psicopatía? ¿Es, como decía, una cuestión de grado? ¿de frecuencia? ¿de consideraciones meramente éticas? ¿legales?
Por tanto, ¿existiría el psicópata “puro” o todos lo somos en algún grado? ¿es biológico-neuronal o psicológico-social?
Si no fuéramos capaces de sentir el dolor físico… esos indiduos acabarían desapareciendo, evolutivamente hablando, por la grave desventaja que supondría.
Lo de la empatía… ¿cómo se definiría adaptativa y evolutivamente? ¿resultaría ventajosa? ¿lo sería individual o colectivamente?
Mi intuición me dice que se trataría de una más de las muchas características de nuestro comportamiento…
28 de Julio, 2007 - 10:38 am
“me di cuenta de que lo que tenía que hacer era trabajar sobre todo con los niños, porque estamos dañando gravemente su futuro y sentí que teníamos la responsabilidad no sólo del futuro de los chimpancés, las selvas y la vida salvaje, sino también de nuestros propios niños”
Absolutamente cierto, cuidemos y eduquemos a quien será “dueño” del futuro. La empatía también pasa por ponernos en el lugar de nuestros hijos y el mundo que les estamos dejando.
¿Cómo podía ese fotógrafo hacer fotos mientras lloraban los niños? ¿podía soportarlo? qué tremendo…
Saludos.
28 de Julio, 2007 - 10:40 am
Lola Fuentes, debí de especificar trabajadores subordinados con desempeños autoritarios.
Pongamos por caso policía en un altercado, o en una situación de silenciosos manifestantes, o en una “sentada” a cuyos integrantes “hay que disolver”. O una institución psiquiátrica en la que hay que reducir, modificar comportamientos agresivos, o autodestrutivos (no ya siquiera suicidio voluntario y directo, sino ayuno, ingestiones tóxicas…).
Se suele dar el uso de la fuerza y de la brutalidad.
28 de Julio, 2007 - 11:13 am
H@la,
Me puede doler reconocerlo pero a veces mi capacidad de empatía está muy mermada.
Intentaré practicar ese hábito. Un principio básico puede ser evitar sentirse agradedid@ por otr@s y no priorizar siempre lo propio.
Me pongo a ello. Empezaré por elegir un camino tranquilo y bonito a ver cómo son l@s animalit@s que me encuentro.
28 de Julio, 2007 - 12:44 pm
Creo que el primer paso que nos acerca a la empatía es la aceptación y el respeto hacía el otro, sea quien sea ese otro. Últimamente si se habla bastante de inteligencia emocional, estoy convencida de que a pesar de que al igual de que existen personas con una inteligencia ciéntifica apenas sin pautar, cuyo desarrollo es natural, existe una inteligencia emocional no se si genética del alma.. pero creo que existe. En ambos casos se puede educar y cultivar para potenciar.
Quizás ahí puede que esté la clave y de esa clave parta la congruencia absoluta desde mi punto de vista de J.G. educar para que permitamos a los hijos del mundo sentir todas las emociones, y de esa manera poder distinguirlas entre sí y aprender a gestionarlas.
Yo creo que uno puede lograr ponerse en el lugar de otro sin necesidad de experimentar con la misma intensidad las emociones que está sintiendo, ese creo que es un valor añadido, integrar algunos valores puede ayudar y como siempre es más fácil colocar una semilla y permitir que germine, a intentar meter a la fuerza un árbol donde antes no existía ni siquiera un espacio para su integración.
Resumiendo podemos empezar por generar empatía a través de nosotros mismos y esperar a que funcione el efecto mariposa, de alguna manera es lo que creo que has logrado con este post Luis, que cuando alguien busque sobre empatía, pueda empezar a encontrar algo.
Un abrazo
28 de Julio, 2007 - 6:13 pm
Muy buen post, Muiño. Aunque deberías haber aclarado que los humanos *también* somos primates, pues estamos clasificados en el orden zoológico Primates. Y respecto a la idea final de que el no causar sufrimiento “nos hace más humanos”, me parece que el uso del vocablo “humano” en ese sentido moral tiene unas connotaciones especistas que chocan con el tono antiespecista que impregna tu escrito. El no causar sufrimiento innecesario a ningún ser sintiente, independientemente de su especie, nos hace buenas personas.
1 de Agosto, 2007 - 2:18 am
Me voy a referir solamente a lo que es el día a día, todos los seres humanos, unos más que otros, detectamos los “puntos débiles” o “dar donde más daño se hace, quien así actúa, porque sí, además de esconder una serie de rasgos, yo siempre he pensado que una o la peor mediocridad.
Y estoy de acuerdo totalmente con Rawandi, a cualquier ser sintiente.
Pero como lo que más abunda es este tipo de mediocridad, o se les responde en su mismo lenguaje, sólo para que entienda, o se les trata como tal. Nos debemos todos hacer impermeables, pero como unos somos más sensibles que otros… ahí está su arma.
10 de Agosto, 2007 - 2:02 am
Pues creo que nadie se declara así mismo como un auténtico
hijodetal,hay que sobrevivir con uno mismo,poner la conciencia y la autoestima a salvo y así cuando hacemos
sufrir o vemos sufrir y no miramos, pues creo que ni lo pensamos,y si nos obligan a ponernos frente a lo que por acción o dejación permitimos,nos salen un millón de excusas,
además es probable que hagamos culpables a otros,incluso a los que sufren del sufrimiento, o si somos un poco más sinceros, decimos que tal se lo merece porqué es un auténtico hijodetal, o inferior, o repelente,o me provoca asco,o no es de mi clase,….
10 de Agosto, 2007 - 4:11 am
Neopatic : gracias por la aclaración, porque la verdad en un principio me chocó. Pero ahora lo entiendo.
10 de Agosto, 2007 - 12:48 pm
El primer día de la invasión de Irak dijo Carlos Herrera…”Ha habido un muerto y probablemente sea Sadam Husein”, claro como los norteamericanos tienen esa tecnología tan avanzada, venía a aclarar.
Apagué la radio.
31 de Diciembre, 2007 - 7:37 pm
A mi me parace que jane godall tiene toda la razon
y que tendriamos que seguir susu pasos si nos gustan mucho los animales
31 de Diciembre, 2007 - 7:40 pm
Y que tiene mucha razon
tambien sobre todo lo que dice de los niñ@s