MANTRA NÚMERO CATORCE: “SI EST? CLARO, ES VULGAR”
Lunes, 30 de Julio de 2007P. T. Barnum fue un hombre que llegó a ser muy famoso como empresario de circos.
Este hombre presumía de ser un maestro en el arte de conseguir que la gente se dejara el dinero en sus espectáculos.
Para ello partía de una premisa muy sencilla: él no tenía opinión ninguna, él no decidía nada. Simplemente, hacía aquello que más dinero le podía dar. Barnum no se cansaba de repetir una frase: “Nace un crédulo nace cada minuto?. Y él sabía cómo sacarle el dinero a los crédulos.
Su fama en el arte de embaucar ha llegado hasta nuestros días. Y, a partir de ahí, muchos psicólogos han decidido bautizar con su nombre al efecto que produce cierto tipo de lenguaje.
Es la forma de hablar que utilizamos cuando, en realidad, no estamos diciendo nada y simplemente pretendemos que todo el mundo se quede contento con lo que hemos expresado.
El “efecto Barnum? ha sido utilizado por muchos comunicadores con un éxito indudable. Como comenté en un post anterior, ciertas frases son útiles porque todo el mundo está de acuerdo con ellas y a todo el mundo le gusta aplicárselas. Y esto lo saben muy bien los que hacen los horóscopos, los anuncios publicitarios y las campañas electorales.
Pero en los últimos tiempos hemos asistido al auge de otro tipo de “efecto Barnum?: es el que se produce cuando una persona se dedica a fabricar frases ampulosas y complicadas, absolutamente imposibles de entender, sabiendo que, en el contexto en que son pronunciadas, todo el mundo va a fingir que las ha entendido y que está de acuerdo con ellas.
Si además de complicada, la frase es tan larga y tiene tantas subordinadas como mi frase anterior, mejor.

Para demostrar este rentable efecto del lenguaje pedante, hace unos años un físico ideó un demoledor experimento. Escribió un artículo para la revista norteamericana Social Test con un título memorable que ha pasado a la historia de la pedantería: “Transgrediendo los límites: hacia una hermenéutica transformativa de la gravitación cuántica?. En él, hablaba y hablaba, con un lenguaje absolutamente críptico, de todas las cosas que se le iban ocurriendo: psicología, sociología, antropología…
El artículo recibió críticas muy elogiosas de los lectores, que alababan, entre otras cosas, su claridad de expresión. Pero un mes después, llegó la bomba: el autor del engendro confesó el engaño. Todo era una broma, nada de lo que se decía en el artículo tenía pies ni cabeza. El autor había compuesto el texto usando las palabras más oscuras y enrevesadas que conocía. Pero las frases eran completamente inconexas: jamás había querido decir absolutamente nada.
El experimento avivó el debate sobre la pedantería en las ciencias sociales. Puso en cuestión la consistencia intelectual de millones de palabras que se escriben y que pocas personas entienden. Y sobre todo, nos hizo reflexionar sobre las razones que existen para mantener el “efecto Barnum?.

¿Por qué se publican artículos y libros que no son comprendidos?
¿Por elitismo, porque hay muchas personas a las que les gusta leer cosas que el común de los mortales no leemos?
¿Quizás porque el autor sabe que algo que no puede ser comprendido difícilmente puede ser criticado?
¿O porque una vez que alguien adquiere poder intelectual da igual lo que diga?
¿Tú que opinas?