QUÉ ME CUENTAS
Viernes, 22 de Junio de 2007Un niño, un anónimo niño estadounidense, está viendo la televisión una tarde de abril del año 2003. Sentado en su silla preferida, el niño devora la merienda y también devora uno de los episodios de su serie preferida: “Casado con EEUU”.
En un momento determinado del capítulo de ese día, los protagonistas tienen un encuentro sexual…¿cómo creéis que afectó psicológicamente a ese niño la visión de la escena?

Según la Comisión Federal de Comunicaciones, el tierno infante, al ver las imágenes, debió sufrir algo parecido a un trauma. Lo sabemos porque la citada comisión impuso una multa de 1,18 millones de dólares a la Fox por mostrar esa escena en horario infantil. Y eso a pesar de que la cadena de televisión oscureció la pantalla para que no se viera demasiado “aquello”…
¿Cómo afectan las imágenes sexuales a los niños? La pregunta es, evidentemente, polémica.
Y, además, lleva implícita otra cuestión más general: ¿cómo afectan las imágenes impactantes a los niños? En general, la respuesta que las personas damos a la primera pregunta depende de cómo respondemos la segunda…
Porque, resumiendo, las opiniones sobre este tema se pueden dividir en dos: por una parte están los partidarios de que ciertas imágenes son intrínsicamente traumáticas y un niño nunca las puede asumir.
En el otro extremo estamos los que creemos que los seres humanos, incluidos los niños, pueden digerir cualquier escena con la condición de que se integre en una historia comprensible y asimilable.
Para nosotros las imágenes sexuales, al igual que las imágenes de violencia, no son impactantes en sí mismas. Un estímulo visual sólo resulta imposible de asimilar cuando no somos capaces de integrarlo dentro de una narrativa sana y adaptativa.

Por ejemplo: las imágenes sexuales no causan ningún problema a los niños cuando saben qué significa el sexo, por qué se practica y qué papel juega en nuestras vidas…
Eso sí: para que una imagen explícita acerca de un tema difícil no produzca desasosiego, tiene que haber alguien que ayude al niño a encontrar una narrativa coherente sobre el asunto. El niño lo pasará mal si la forma en que se le ha hablado de ese tema contiene lugares oscuros, cuestiones que parece que no se pueden mencionar, actos que se piensan de una manera pero se hacen de otra…
Cuando conseguimos encuadrar el sexo dentro de un sentido vital coherente, sus imágenes no resultan traumáticas.
En fin que, tal y como yo lo veo, lo más seguro es que el buen muchacho siguiera tranquilamente devorando su comida y su serie favorita.
Y si no fue así, la culpa la tuvo algo oscuro que alguien introdujo en su mente.
No la televisión.