SEXO ORAL
Jueves, 17 de Mayo de 2007Así describía Grant Stobbard su experiencia con la inyacuación en nerve.com:
“Los taoístas, los chamanes, las teorías tántricas y el mismo Sting sostienen que el orgasmo masculino sin la expulsión del líquido seminal junto con una presión estratégica en el perineo conduce a la iluminación de la conciencia y a la explosión orgásmica. Así que decidí darle una oportunidad al tema y empecé a darle al badajo según mi propia tradición secular (ya que no mística). (…). Justo antes del orgasmo, el latido se volvió arrítmico y aumentó de intensidad para convertirse después en un martilleo despavorido. Luego, justo antes del momento en el que suelo mancillar las sábanas, vi por un segundo lo que todos esos hippies cuarentones habían estado pregonando(…). Después continué apretando con fuerza durante uno o dos minutos más concentrándome en cómo disminuía la presión de mi verga. Aparté los dedos de mi tren de aterrizaje y me erguí un instante, desconcertado y embargado por esa increíble experiencia. Y entonces, como ya habían señalado los defensores de la inyaculación, me di cuenta de que podía empalmarme de nuevo, cosa que hice varias veces seguidas hasta que me sentí aburrido del tema y un poco deprimido. Pero el flash real vino luego, cuando fui al baño y vi que mi orina tenía más espuma que una caña de Guiness. O sea, que me había corrido en la vejiga. Eso sí que era estar bien jodido.”.

¿Cómo hay que hablar de sexo? ¿Qué palabras hay que utilizar? La pregunta nos la hemos muchas personas. Para los divulgadores como yo es una cuestión decisiva. Pero seguro que el asunto ha dado también quebraderos de cabeza a escritores, cuentacuentos y chistosos.
Y como siempre suele ocurrir, ha habido respuestas para todos los gustos…
Los hay que han optado, como el amigo Grant Stobbard, por el tono jocoso e irónico. Dicen los defensores de este estilo literario que hablar así le quita misticismo al asunto sexual, cosa que no viene nada mal en estos tiempos de niu eich pretenciosa y pedante. Indudablemente es cierto, pero también es verdad que con este tipo de lenguaje uno puede conseguir perder todo el posible morbo que alguna vez tuvo…
Otros cuentacuentos sexuales optan por elegir el lenguaje más obsceno y crudo que conocen. Sus ídolos son escritores como Henry Miller o Bukowski. Y su idea del sexo es aquella que tan bien reflejó Woody Allen en una entrevista en la que le preguntaron: “¿Usted cree que el sexo es sucio?”. Él respondió: “Sólo si se practica correctamente”. El lenguaje crudo tiene el atractivo de lo real, pero sus detractores dicen que conecta muy mal con la cantidad de emociones que los humanos solemos poner en la cama. Según los enemigos de lo obsceno, contar de esa manera lo erótico sería muy apropiado si aquello solo fuera un intercambio de fluidos, pero eso es algo que pocas veces ocurre…

Queda, por último, la naturalidad, un punto medio difícil de alcanzar después de siglos y siglos de tabú. Lo malo que tiene estar mucho rato en silencio es que, cuando uno después quiere volver a expresarse, no encuentra las palabras. Eso ha sucedido con el sexo: hablar de este tema con la claridad que usamos para la risa, la naturaleza o el arte es harto difícil.
Y además, aunque lo consiguiéramos, siempre habría alguien que diría que echa de menos un poco de oscuridad.