MANTRA NÚMERO NUEVE: “TODOS MIENTEN. NO IMPORTA: NADIE ESCUCHA”
Viernes, 20 de Abril de 2007El psiquiatra Milton Erickson era partidario de la hipótesis de que ciertas personas tienen una especial sensibilidad para captar los mensajes no verbales y que esta capacidad podía interpretarse, a veces, como un episodio de percepción extrasensorial. Esta es una de las anécdotas referente al tema que aparece en uno de sus libros:
Un paciente de Erickson le comentó que había quedado enormemente impresionado después de visitar a un sujeto que le dio datos íntimos de los integrantes de su familia. Según este hombre, el mentalista no tenía la menor información previa sobre esas personas. Al psiquiatra le pareció interesante la idea de estudiar al vidente y averiguar qué tipo de técnica empleaba…

Erickson escribió en un papel nombres falsos y detalles inventados para algunos miembros de su familia: su madre, su padre, sus hermanos, etc. Entregó la lista a su paciente y se fueron a ver al adivino. El mentalista puso en práctica toda su parafernalia y, al cabo de unos minutos, empezó a obtener resultados. El nombre del padre de Erickson, el nombre de la madre, anécdotas de su vida y más detalles sobre el resto de la familia. El vidente adivinó un gran porcentaje de aquello que estaba escrito en el papel.
A la salida, el paciente interrogó a Erickson. El buen hombre estaba decepcionado porque el mentalista se había creído los datos inventados. Sin embargo, el psiquiatra estaba contento: había comprobado su teoría. Mientras el vidente realizaba sus rituales, Erickson había estado pensando en la lista de nombres falsos. Y así había comprobado que cuando los “dotados” parecen leer la mente de las personas, en realidad están descifrando su lenguaje subvocal o gestual.
La técnica se entiende muy bien cuando observamos a un niño de poca edad reflexionando. Como todavía no ha llegado a interiorizar completamente el pensamiento, es aún sencillo concentrarse en sus labios y ver como va pronunciando en voz baja aquello que va surgiendo en su mente. Con los adultos se necesita más entrenamiento, pero si quieres iniciarte en las delicias de la telepatía pídele a una persona que cuente hasta tres. Verás que mientras lo hace mueve sutilmente los labios pronunciando los números.
A partir de experiencias como ésta, Erickson decidió desarrollar personalmente esa destreza de observación y en sus libros comenta algunas de sus hazañas. Poco a poco, el psiquiatra fue haciéndose un experto en la utilización de la comunicación no verbal. Aprendió a leer los labios de sus pacientes, a observar cómo se tocaban en determinados momentos, a interpretar la coreografía de su lenguaje gestual. Las certezas acerca de las personas, según él, estaban en ese tipo de comunicación. Y él buscaba la verdad.

A mí me pasa al contrario. Nunca busco la verdad de las personas. Me importan más nuestras mentiras. Sobre todo las que nos contamos a nosotros mismos. Y es que estoy convencido de que éstas tienen mucha más fuerza a la hora de arrastrarnos por un camino u otro que la que tienen las verdades objetivas.
Y es que ya lo decían en American Beauty: nunca menosprecies el poder del autoengaño.