MANTRA NÚMERO OCHO: “LA VERDAD ESTÃ? AHÃ? FUERA, PERO HACE MUCHO FRÃ?O PARA SALIR A BUSCARLA”
En el siglo XVII, Inglaterra seguÃa dominada por la fiebre de la caza de brujas. Los brutales métodos que se utilizaron al principio para inventar las acusaciones, que estaban basados sobre todo en la tortura, empezaban a ser cuestionados. Matthew Hopkins, uno de los jueces más sanguinarios que existieron, nos cuenta métodos alternativos para construir una acusación…
“Si se descubre que una bruja tiene algún defecto en la piel, puede obligársela a confesar con una serie de preguntas que se deben formular, si es menester, cientos de veces hasta que la acusada confiese:
- ¿Con qué motivo se le apareció el diablo: por ignorancia, orgullo, cólera, maldad?
- ¿Cómo fue la conversación que mantuvieron?
- ¿En qué forma se le presentó el diablo?
- ¿Qué voz tenÃa?
- ¿Qué demonios familiares le otorgó?
- ¿Cuántos espÃritus?
- ¿Cómo se llamaban?
- ¿Qué forma tenÃan?
- ¿Para qué los utilizó?�
Con tales interrogatorios y tras varias noches de vigilia obligada y malos tratos a los acusados, Hopkins llevó a la muerte a unas doscientas personas entre 1645 y 1646. Sólo se conoce el nombre de sesenta y cuatro de las ejecutadas, las demás murieron en el anonimato…

Cuando empezó la locura de la caza de brujas, los jueces no necesitaron demostrarse a sà mismos y a los demás la veracidad de las acusaciones. Toda la población las asumÃa como ciertas. Pero cuando la opinión pública empezó a cuestionar la fiebre brujil, los jueces se vieron obligados a tratar de justificar lo que hacÃan. Por supuesto, los interrogatorios no buscaban averiguar la verdad. Las preguntas funcionan como una especie de profecÃa autocumplida: se parte de la culpabilidad del interrogado, se le pregunta dando por hecho que ha cometido el delito y, al final, se llega a la conclusión de que la vÃctima es culpable.
Imaginemos a una mujer, seguramente analfabeta y pobre, a la que han convencido de que es una bruja. Ella se adentra en sus recuerdos y, poco a poco, la certeza va surgiendo. Como todo el mundo, recuerda cosas extrañas, difusas y vagas. Pero ahora tiene una explicación para ellas: son parte de su experiencia satánica. El rico y culto juez la ha convencido de ello. Su memoria le ha puesto una etiqueta a sus recuerdos. Y esa etiqueta le costará la vida.
Y es que nuestra memoria no es una especie de disco duro mental donde todo permanece intacto. Nuestros recuerdos se construyen en el momento que los necesitamos y por eso un interrogador que nos presione puede hacer que “nos acordemos� de cualquier cosa.

Lo triste no es eso, sino el hecho de que hoy en dÃa (después de que Margaret Murray lo pusiera de moda) muchos otros modernos investigadores sigan aceptando el testimonio de vÃctimas que han sido interrogadas de esta manera. Antropólogos que juegan con la hipótesis de la realidad de la brujerÃa y divulgadores de lo paranormal difunden cuentos de brujas en los que dan por hecho que los aquelarres, los hechizos y demás parafernalia fueron algo más que productos de la imaginación de los interrogadores.
En los momentos en que no nos interesa cambiar, nos preocupa más confirmar nuestras propias hipótesis que averiguar la verdad. Sabemos que la verdad está ahà fuera. Pero también sabemos que “fuera� significa más allá de nuestros propios intereses. Y preferimos quedarnos dentro.
6 de Abril, 2007 - 1:51 pm
Dos imágenes de iconografÃa brujesca. La primera es de Jan Van der Velde, la segunda de J. W. Waterhouse. Creo que no hay que hilar muy fino para ver toda la carga de sexismo, morbo y miedo a las mujeres que hay en lo que ciertas personas imaginaron. Como esos tres factores están presentes en la mente de muchos individuos, es fácil entender por qué todo esto de la brujerÃa se acepta con tanta facilidad.
¿Por qué los seres humanos nos equivocamos tanto y tenemos esa tendencia a confirmar las hipótesis que nos gustan y a no evaluar siquiera las que no nos gustan? Tversky y Kahneman estudiaron y definieron los sesgos cognitivos, es decir, las tendencias a pensar como nos da la gana. Como no hay ningún libro suyo en castellano, si estáis interesados os recomiendo un artÃculo sobre el tema en la Wikipedia y otro de Carlos Ã?lvarez que aplica esos sesgos cognitivos a la creencia en la astrologÃa:
http://es.wikipedia.org/wiki/Sesgo_cognitivo
http://digital.el-esceptico.org/leer.php?autor=145&id=1594&tema=13
6 de Abril, 2007 - 6:32 pm
En épocas oscuras el poder (ese algo indefinido que rige nuestras sociedades) se vale de cualquier medio para disuadir a las masas de pensar libremente…Ese ambiente de represión es el caldo de cultivo en el que aparecen toda una serie de personajes como torturadores, verdugos…que aprovechan las circunstancias para dar rienda suelta a sus instintos (tacharlos de bajos sólo serÃa una cómoda etiqueta).
La tortura es una constante en las sociedades humanas.Damos por sentado que la barbarie en el mundo antiguo hacÃa que fuese algo normal, pero hoy sabemos que es algo que practican los paises que consideramos avanzados…Nos da igual…El mundo es un infierno pero,una casta de privilegiados,nos hemos acomodado en las zonas donde menos quema mientras el resto se abrasa viva.
perdon por evadirme de la discusión psicológica… He discutido sobre el “McGuffin” en lugar de sobre el fondo…
6 de Abril, 2007 - 7:38 pm
¿Y no os parece que hay algo necrófilo en todo esto de la Semana Santa?¿No sentÃs al leer historias como estas que es como si la Iglesia hubiera estado todo el tiempo vengándose de lo que le hicieron a Jesús y que por eso le gusta recordarlo una y otra vez?. Una vez leà que todos los verdugos creen estar vengándose de una tortura que les hicieron a ellos, algo asà siento yo con los Inquisidores y toda esta peña.
6 de Abril, 2007 - 11:02 pm
¿De qué defendÃa la Inquisición, la “caza de brujas”…?
¿De quién?
¿A quién?
¿Tiene esto algo que ver con la CULPA, de lo que, hace muy poco nos proponÃa don Luis, también?
¿No se le parece -tristemente, demasiado- a lo que ocurrÃa con los judÃos en Alemania, en tiempos de Hitler; o a los “españoles” en el PaÃs Vasco, actualmente? Es decir: “algo habrán hecho”; “yo no soy judÃo”; “yo soy abertzale”… por tanto: NO TENGO CULPA, soy inocente…
Las vÃctimas asà interrogadas están protegidas por la Ley (al menos en los paÃses -presuntamente- democráticos), es decir, sus testimonios no se consideran nunca válidos…
Sigo pensando que algo hay, efectivamente, don Luis, en el hecho de su condición de mujeres… Las principales actuales religiones monoteÃstas, suelen ser también machistas… desprecian a las mujeres… por temor a su superioridad manifiesta… Y todo el Poder (yo también dirÃa el mismo concepto de “propiedad privada”; pero eso es otro tema, quizá tan arduo, opinable y complejo como éste de ahora) está basado en el dominio del hombre…
Don Luis, como psicólogo, entenderá mejor que nadie que, como dice “Hervè Joncour”, lo de la tortura/torturador es la puerta y la oportunidad que se le brinda a ese tipo de enfermo/enfermedad (que, me temo, es tanto individual como colectiva, social…) en momentos en los que, al parecer, “todos están de acuerdo en que está plenamente justificado…” (¿Con “ayuda” e “interés” de alguien; se produce o se “cultiva” dicho clima de opinión?). Además, este tipo de mecanismos, me da la impresión, cuanto más se llevan al extremo (que es, precisamente de lo que se trata, lo que se anda buscando), más difÃcil es echarse atrás, reconocer el error, arrepentirse…
Es una pulsión que, por algún motivo (¿adaptativo?, no serÃa, ¿verdad?) me parece que todos llevamos dentro, en mayor o en menor grado, en según qué circunstancias, con mayor o menor frecuencia, más o menos reprimido… ¿O no? ¿El gusto por el “gore” no tendrÃa algo que ver con todo esto? ¿O el asistir a una corrida de toros, una carrera de fórmula-1, el boxeo…? Nos sube la excitación, la adrenalina… y hay mucha gente que es adicta, como a la nicotina… no pueden vivir sin ello… ¿Si nos certificaran que nadie lo sabrÃa y que nada nos pasarÃa… no habrÃa muchos más violadores, asesinos, etc. gracias a esa hipotética posibilidad de impunidad?
Los rehenes británicos de Irán confesaron que traspasaron y se situaron en aguas iranÃes… mientras estaban presos; ahora, ya en U.K. ¡va a ser que no! ¿Se les sancionará por haber realizado esas manifestaciones? Obviamente: no.
Para que exista, permanezca, una sociedad es necesario establecer normas… y castigos para disuadir de incumplimientos; pero ¡torturas! ¡Siempre habrá un Poder, una necesidad de inducir miedo, temor, eliminar libre opinión y albedrÃo…!
¡LA VERDAD! ¿Quién puede creer que la verdad, su búsqueda, pueda estar detrás de cualquier tortura? O bien está la información que yo necesito y tú no me das por las buenas… o bien sólo busco tu amedrentamiento o, más bien, el de todos los demás: escarmiento al torturado y advertencia a los demás…
7 de Abril, 2007 - 2:03 am
La verdad es algo que creemos que existe de forma práctica, asà podemos vivir sin enloquecer demasiado.
En realidad todo es mentira…, o, relativo…
Perdón, es que ando metafÃsica después de haber visto la versión ampliada (mejor que la reducida) de la peli “Y tú qué sabes?”. La recomiendo para intentar comprender ese ente que llamamos realidad y, además, haciendo una conexión con el fenómeno religioso.
Y la iglesia, ufff, una poderosa máquina de hacer ignorantes y después aprovecharse de ellos. Vamos, casi lo mismo que la tele.
En cuanto a la Semana Santa… A mà siempre me ha parecido un espectáculo siniestro y degradante, y me atreverÃa a decir que 9 de cada 10 devotos de alguna cofradÃa lo es como se es forofo del real madrid, vamos, una afición como otra cualquiera.
Si Cristo levantara la cabeza se volverÃa friki… y lo entrevistarÃa Jesús Quintero aprovechando la coyuntura.
7 de Abril, 2007 - 5:57 pm
Se tomó como un juego la vida de mucha gente. La partida siempre era injusta y, se sabÃa de antemano quién iba a ser el perjudicado. Fue una época cruel.
8 de Abril, 2007 - 1:17 am
¿Y esto de la confesión bajo tortura funciona sólo con lo brujeril o es válido también para cuestiones, digamos, polÃticas? ¿Y funciona siempre en tiempo de guerra o habrÃa que tenerlo en cuenta también en “tiempos de paz”?
9 de Abril, 2007 - 1:08 pm
H@la,
Este tema me lleva a otro que me tiene fascinada: la hipnosis. Según las informaciones que apunta Muiño no serÃa totalmente cierto que lo que recuerde alguien hipnotizad@ pudiese considerarse como válido, real, sino también adaptado al momento concreto en que la persona estuviese “en trance” y por supuesto a la “conducta” del hipnotizador.
Total que como siempre estamos en el filo de lo que es real incluso de algo tan propio como nuestros recuerdos. De acuerdo que podemos acomodarlos, que nos los pueden manipular, pero al fin y al cabo si perdemos la confianza en lo que llegamos a ser a través de las experiencias vividas y su recuerdo ¿qué nos quedarÃa?
Habrá que intentar defender nuestros recuerdos tal y como los sentimos pero sin que su confirmación nos suponga un peligro.
Y nunca mentirnos a nosotr@s mism@s acomodándolos. Aunque haga frÃo fuera. Siempre puede un@ abrigarse un poco más y no destemplarnos.
Saludos,
9 de Abril, 2007 - 7:57 pm
Parece que todos “padecemos” en menor o mayor medida de eso que los psicólogos llaman sesgos cognitivos. Parece también que lo que los hace tan peligrosos es cuando se utilizan desde una posición de poder. Asà que al final, parece que lo que hay que temer no es tanto a nuestra mente limitada y propensa a sesgar, sino al poder… siempre al poder.
Por fin acabó la Semana Santa y toda su parafernalia… qué cosa más rancia, por el amor de Dios.