UN INSTANTE, LA ETERNIDAD
“Apenas un instante después, todas las cosas comenzaron a vacilar a mi alrededor. Pablo se apoderaba de mí, su sexo se convertía en una parte de mi cuerpo, la parte más importante, la única que era capaz de apreciar, entrando en mí, cada vez un poco más adentro, abriéndome y cerrándome en torno suyo al mismo tiempo, taladrándome, notaba su presión contra la nuca, como si mis vísceras se deshicieran a su paso (…)”
Éste es un fragmento de “Las edades de Lulú”, un libro escrito por Almudena Grandes.
Un libro escrito por una mujer…
Según los clásicos de la sexología, el erotismo masculino y el femenino se diferencian en la continuidad. Según los clásicos de la sexología, el hombre tiende a lo discontinuo y la mujer siente una preferencia profunda por la continuidad.
Por eso, la sexualidad masculina se basa en aquello que solo puede existir en el ámbito erótico: la desnudez del cuerpo, las caricias genitales…
Y por eso, la sexualidad femenina parte de sensaciones que pueden suceder en cualquier instante de la vida cotidiana: el morbo de una situación inusual, el erotismo que destilan ciertos ambientes físicos…
Continuidad, discontinuidad…

“(…) Y todo lo demás se borraba, mi cuerpo, y el suyo, y todo lo demás, por eso tardé tanto en identificar el origen de aquellas caricias húmedas que de tanto en tanto me rozaban los muslos como por descuido, contactos breves y levísimos que tras segundos de duda y un instante de estupor me indicaron que Ely seguía allí abajo (…) mientras yo follaba como una descosida, indiferente a aquel pintoresco animal callejero que, de espaldas a mí, se cebaba en las sobras de mi banquete particular”
Según los clásicos de la sexología, está diferencia en el sentimiento de continuidad explicaría muchos de los desencuentros entre hombres y mujeres.
Porque para los hombres sería más fácil crear, con el sexo, una burbuja en el espacio y en el tiempo. Un hombre puede hacer de la sexualidad un compartimiento estanco. En lo masculino, el sexo no tiene que ver con los estados de ánimo, con el amor/odio por la otra persona, con los problemas cotidianos…
Para las mujeres, sin embargo, el sexo enlaza con la vida. La ternura y la dulzura, por ejemplo, limitan con el erotismo. Y la agudeza verbal y la comunicación intelectual pueden insertarse armoniosamente en la vida sexual. Cuando una mujer desea, según esta teoría, es porque desea todo el tiempo…
A lo mejor todo esto es cierto. A lo mejor el hombre y la mujer son distintos en su sexualidad. Pero quizás también tenga razón mi amiga cuando me dice: “el hombre y la mujer son eróticamente diferentes, pero son iguales cuando echan un polvo”.

“Me hubiera gustado verlo, ésa fue la última idea coherente que fui capaz de concebir antes de dejarme ir, cuando comencé a sentir los efectos de mis choques con Pablo, cada vez más bruscos, progresivamente cerca de la cabeza, y ya no pude controlar más, me dejé ir, para que él, tres o cuatro empellones más, agónicos y brutales, los últimos, me triturara por fin la nuca, me la rompiera en millares de pequeños pedacitos blandos”
3 de Abril, 2007 - 11:16 am
Las imágenes son de Eikoh Hosoe, fotógrafo japonés al que fascina el dialogo íntimo entre hombre y mujer.
Sobre este tema, inevitablemente, “El erotismo” de Alberoni. Es de los pocos ensayos que he releído varias veces. Teniendo en cuenta lo poco que leo acerca de sexo, el que lo frecuente tan a menudo significa que es un libro que siempre tiene algo que decirme…
3 de Abril, 2007 - 2:07 pm
Precísamente, estaba yo elucubrando estos días si no habrá un instinto animal reprimido por la moralina social, que empuja a las hembras a querer aniquilar al macho, ya sea una hora después, como dos meses y medio después, como nueve meses más tarde…
Pero me fallan las pruebas científicas. Por lo visto, la “mantis religiosa” decapita y luego devora al macho, porque hasta que no lo hace, él no expulsará el esperma que fecundará los huevos.
Algunas especies de peces, las conejas, las tigresas, las chimpancés, también matan o agreden a su pareja tras la cópula. Pero lo hacen, ya con vista, para proteger o poder atender a sus crías.
¡Estos bicharracos siempre pensando en aparearse o en la supervivencia de la especie!
Mi teoría es que, a más placer obtenido (supongo que los animales no tienen prejuicios a la hora de buscar su propio placer), más se quiere prescindir luego del otro.
De modo que el que los hombres alcancen su búrbuja postcoital y las mujeres no, es tan sólo producto de una educación, una cultura.
3 de Abril, 2007 - 8:23 pm
Decididamente, los que hoy habeis escritos sois expertísimos. Hablais de la ganadora del certamen literario la sonrisa vertical y de la obra ganadora Las edades de Lulú. En vez de hablar de una novela, o de la zoología, por qué no contais cómo es la sexualidad varonil, siendo hombres se supone que la conoceis. Nosotras ya sabemos como es la nuestra y la ajena y como nos gusta pero, de ahí a contarla en internet hay un abismo. Os dais cuenta qué habeis cosificado la sexualidad.
3 de Abril, 2007 - 9:31 pm
Pero Tane, ¿de verdad crees que hay que ser algo para opinar sobre ese algo?¿te parece más interesante la opinión de las mujeres sobre la sexualidad femenina y la de los hombres sobre la masculina?. Te lo digo porque a mí las dos me resultan demasiado complacientes. Yo creo que cuando uno opina sobre su mismo grupo nunca es cañero. Yo como mujer siempre he aprendido más de la opinión de los hombres sobre nosotras. Y por ejemplo el texto de Luis Muiño y el de Pomper (¿que como sabemos que es un hombre?
) me han hecho sentirme identificada.
Para mí la sexualidad tiene que ver con el resto de la vida. Ahora me gusta que sea así, pero no siempre ha sido tan bueno.
3 de Abril, 2007 - 10:04 pm
Verbalizar, ordenar, explicar en suma, las sensaciones que circulan por nuestras entrañas antes, durante y después de una experiencia erótico/sexual… de puro evidente y universal que podría parecer a priori… resulta bastante complicado: ni nosotros mismos sentimos lo mismo en cada caso, incluso si se tratara de la misma persona y en situaciones y con sentimientos aparentemente idénticos…
Aquí, por suerte o por desgracia, también existen multitud de temores, en función de la edad, la experiencia, etc.; de saber -o no- si vas a descubrir, es decir, si te adentras en terrenos aparentemente desconocidos (por lo que sea) o si lo que haces es buscar algo concreto, si pretendemos alcanzar algo que de antemano ya conocemos pero anhelamos… (…lo que da lugar, en algunos casos, a resultados decepcionantes… sin saber -en ese momento- muy bien por qué…).
No es lo mismo partir de la fascinación por el otro, el hipnotismo de los primeros tiempos, en que te olvidas de ti y sólo pretendes la búsqueda y conocimiento más íntimo y profundo del otro, de sus sentimientos, sensaciones, deseos… pretendiendo sólo dar con las claves que consigan su felicidad más plena…
…Llegando en algún caso (sin exageración alguna) a experiencias próximas a algo así como la “unicidad del ser”, a algo místico, extasiante… una de las pocas experiencias que consiguen sacarte fuera totalmente del tiempo y el espacio… incluso de tu propio sentido de identidad…
Soy un tío (y, al menos, que yo sepa) heterosexual. En mi caso, no me reconozco en el estereotipo que comenta don Luis… Conozco, por fortuna, mujeres que tampoco se ajustan al estereotipo que se indica aquí de mujer… Y, además, incluso diría que me resultan mucho más femeninas que la mayoría de las mujeres que (mal)conozco en general.
En mi caso, ni sé ni me interesa ya (a estas alturas) si resulto más o menos “masculino” o atrayente para las mujeres… Efectivamente, al menos eso creo yo, mis sentimientos y comportamientos seguro que no son muy adaptativos… simplemente son como son y con eso hay que contar, como con mi altura o el color de mis ojos…
Concretando: una cosa es lo que nos pone cachondos, lo que nos provoca exitación (incluso erección). Al parecer, es más inmediato y evidente en los hombres: enseguida reaccionamos ante un cuerpo femenino desnudo o insinuante. Y, al parecer también (¿o no?), en las mujeres no funciona tanto por la vista, como por el oído, la conversación…
¡Pues vale! parece evidente y también me ocurre en mi caso; pero eso no quiere decir que funcionemos como los toros: embistiendo sólo cuando nos ponen delante un “capote”. Precisamente, lo que más me atrae de una mujer que me atraiga no es -necesariamente- su belleza o cualidades físicas evidentes (¡ojo!, que tampoco “sobran” nunca…), es su insinuación, su vitalidad, su alegría, su invitación a descubrir en su compañía situaciones de goce, a compartir del disfrute de la vida… ¿Suena muy teórico? Pues si lo llamáramos “sex apeal” ¿ya se entendería mejor?
Tampoco estoy de acuerdo en que no nos influye la vida cotidiana cuando se trata de sexo. El que esté casado comprende lo que digo: es complicado el sentimiento erótico en momentos de desencuentro con tu pareja…
Y, para no alargarme más (sí, soy muy pesado…), tampoco estoy de acuerdo en que la necesidad de ternura, dulzura, la agudeza verbal y la comunicación intelectual sean femeninas. Aunque sólo fuera porque yo las tengo. Muy arraigadas y muy frustradas, por cierto… Cuando con algún familiar o amigo -masculinos- llegamos a cierto nivel de comunicación de sentimientos (bastante difícil entre hombres, esa es la verdad…) me doy cuenta que existe un colectivo importante (al menos, en mi estadística particular) que comparte estas necesidades y que sufren por ello en muchos casos… ¡Y son tíos, sin ningún género de dudas!
Si en algo “odio” la civilización es, precisamente, en que el sexo, la sexualidad, nuestras necesidades se han intervenido y manipulado tanto, con relación a reglas, mecamismos de poder y tabúes, que, necesariamente, todas las civilizaciones practican el cinismo y la doble moral: el encorsetamiento que siempre se pretende excede lo expontáneo y visceran de nuestros sentimientos… provocan bocanadas de aire fresco, por un lado, y graves y profundas consecuencias también, por otro. Y muy frecuentes y desgraciadas…
4 de Abril, 2007 - 2:03 pm
Aparte de estar o no de acuerdo con el post, que todavía estoy pensando sobre ello, hay una cosa que me llama la atención. Hay generalizaciones que no gustan. Y cuando se hacen, en vez de discutir sobre si ésa en concreto es o no acertada, se discute sobre que las generalizaciones son malas.
Por supuesto, todos los que critican el hecho de generalizar y cosificar tienen razón. Un post como el de Luis Muiño generaliza y cosifica. Es más, todos los post de Luis Muiño generalizan y cosifican. Es más, todas las personas cuando hablamos de ciertos temas, como política, psicología, emociones de los demás y nuestras, generalizamos y cosificamos. Es que no hay otra manera de hablar de esos temas. Si no generalizáramos y cosificáramos no iríamos hacia adelante y no explicaríamos nada. ¿Por qué nos perturba que se haga con ciertos temas y con otros no?.
Os voy a poner un ejemplo: hablando con una amiga que acaba de enamorarse de una mujer que todos sabemos el daño que le va a hacer, me decía que yo daba por hecho que la otra iba a seguir siendo mala porque lo había sido hasta ahora, o sea que generalizaba. Y que no le gustaba hablar así de sus sentimientos porque sentía que yo no la entendía y lo reducía a algo vulgar, o sea que los cosificaba. Sin embargo, mi amiga no dudo en hacer eso mismo cuando después hablamos de mi pareja y de política.
4 de Abril, 2007 - 7:09 pm
Estoy contigo Koldo. ¡Por fin! leo a un hombre que no tiene miedo de proclamar que tiene sentimientos. Gracias pitxu…
5 de Abril, 2007 - 3:11 pm
Pues yo tengo amigas que se ajustan perfectamente a la descripción que se ha hecho del hombre en su faceta erótico-festiva. Los cambios en la educación y los cambios en la sociedad, en general, que ya no ve a la mujer como alguien que no es dueña de su cuerpo y que no tiene necesidades sexuales, creo que han contribuído a equiparar a ambos géneros en horizontal. ¿Cómo son en un plano íntimo una mujer muy dominante o un hombre muy sensible? ¿Diferentes a los otros hombres o a las otras mujeres? ¿Un hombre feminizado y una mujer masculinizada? Yo siempre he visto en la gente de la que me rodeo que tiene más que ver con sus carácter que con su sexo.
Ah, y mucho mejor que Las Edades de Lulú me parece Memorias de una Cantante Alemana. Claro que cuando nombraba cinco veces por página la “cueva de la voluptuosidad” me daba la risa floja.
¡Un saludo!
5 de Abril, 2007 - 4:52 pm
Luis plantea los diversos puntos de vista sobre sexo y erotismo entre hombres y mujeres. Pienso que la educación se encuentra detrás de estas diferencias de conducta en un alto porcentaje. Seguramente, a medio plazo, cuando las siguientes generaciones de hombres y mujeres tomen el relevo las cosas variarán (no sé en que medida ni hacia dónde) y la percepción que tengamos será distinta a la actual (quizá los hombres muestren más sus sentimientos y las mujeres muestren su lado más carnal).
6 de Abril, 2007 - 1:11 pm
H@la,
Uhmm.. el sexo, uno de mis tabúes preferidos. No tengo muchos conocimientos sobre el tema, pero por mi experiencia personal sé que a través de la excitación sexual se logra alcanzar algo único. Y la satisfacción posterior depende mucho de “lo” que te haya acompañado en conseguir esa sensación de plenitud que te hace entender un poco el sentido de la vida a través de tu propio goce.
Seguramente perteneceré al grupo de personas que además lo mezclan con otros sentimientos, porque los momentos mejores son cuando puedes ver en los ojos y la actitud de la otra persona que también está satisfech@ y que hay una complicidad y agradecimiento mutuos por haber compartido la felicidad.
Besos,
16 de Abril, 2007 - 3:08 pm
Me ha gustado mucho el comentario de Lumons, me parece muy realista, aunque no estoy del todo segura, pues aún a pesar de ser Mujer, desconozco si soy como el resto en eso de lo carnal, ………; en lo que si que estoy equiparada con mis “semejantas”, es en el pudor para hablar directamente de esos temas, de ahí nuestro círculo vicioso que solo podran romper las generaciones futuras,
Texto de Lumons: llegado el caso, que Seguramente, a medio plazo, cuando las siguientes generaciones de hombres y mujeres tomen el relevo las cosas variarán (no sé en que medida ni hacia dónde) y la percepción que tengamos será distinta a la actual (quizá los hombres muestren más sus sentimientos y las mujeres muestren su lado más carnal).