LO MÁS DIVERTIDO QUE SE PUEDE HACER SIN REIR
Viernes, 27 de Abril de 2007A principios del siglo XX, Aleister Crowley, mago precursor del satanismo y la contracultura, funda una Abadía en la isla de Sicilia. En el interior, se practicarán ritos de magia sexual. Éste es, por ejemplo, el “ritual de la lucidez erótico-comatosa”:
El mago, debidamente embriagado con la droga de que disponga, es entretenido sexualmente por una o más ávidas concubinas hasta la extenuación más completa. Una vez que éste se rinda y se quede adormilado, la tarea de las concubinas consiste en mantenerle en este estado entre la vigilia y el sueño. Le acarician sus genitales suavemente. Si el mago se excita, paran para continuar en cuanto el mago se relaja otra vez. El proceso puede durar horas hasta que el iniciado esté en un estado tal de agotamiento físico y psicológico que le lleve a desprenderse de lo humano y local para, así, entrar en contacto con lo divino e infinito.

La idea de alcanzar un estado alterado de conciencia mediante la extenuación física ha surgido en muchas culturas y en muchas religiones. Los derviches turcos giran frenéticamente hasta caer agotados. Los místicos católicos hacían largos ayunos en los que su cuerpo quedaba reducido a un esqueleto con piel. En las modernas raves hay personas que bailan durante días. Todos afirman tener un mismo objetivo: alcanzar un estado de conciencia distinto al habitual que cambie el sentido y el significado del mundo.
De hecho, cuando llegan a ese punto, sienten que han obtenido un conocimiento nuevo e interesante. La metáfora más utilizada es la idea de que ha aparecido una luz que les permite discernir todo lo que estaba oscuro. El derviche, el mago sexual, el místico católico y el joven que participa en la rave creen haber encontrado el sentido de la vida.
Pero todos ellos, al volver al estado de conciencia habitual, dicen sentirse frustrados. El conocimiento que han adquirido se ha desvanecido o les resulta imposible comunicárselo al común de los mortales. Lo adquirieron en un estado de conciencia diferente (sin autocontrol, con otra imagen corporal y otra noción del tiempo,…) y ahora no pueden trasladarlo a nuestro mundo.

¿Encuentran algo estas personas más allá de las obvias sensaciones bioquímicas? ¿Hay trascendencia, pero no se puede contar?
¿O, simplemente, todo esto era una excusa necesaria en otras épocas para poder disfrutar nuevas experiencias en el terreno sexual?
Si esto último es cierto, ahora que vivimos tiempos de mayor naturalidad veremos que las personas dejan de usar excusas místicas para gozar con ciertas dosis de dolor, disfrutar de una orgía o embriagarse sanamente. El único argumento que se usará a partir de ahora es que el sexo forma parte de la naturaleza y es importante llevarse bien con ella.