QUE CAMBIEN OTROS
Viernes, 23 de Marzo de 2007El filósofo Émile Cioran fue conocido por escribir libros en los que transmitía una visión pesimista de la filosofía y del mundo. Según él, la libertad humana no existe y, por eso, todo esfuerzo por alcanzar conocimiento está destinado al fracaso…
Sin embargo, los que le conocían íntimamente decían que Ciorán era un hombre cortés, alegre y bromista. Estaba completamente alejado del prototipo de hombre desesperado y destructivo que esperaríamos si confiásemos en que existe una coherencia entre la visión de la vida y la visión de uno mismo.
Cioran es uno de los muchos casos de intelectuales que escriben sobre la inutilidad de todo esfuerzo y sobre el absurdo del mundo y, sin embargo, disfrutan de una vida feliz y hedónica. Esa actitud, en principio, parece contradictoria. Incluso el hecho de escribir sobre la inutilidad parece paradójico: ¿para qué escribir un libro (con el trabajo que cuesta) si no sirve para nada?

La contradicción entre la visión que tenemos del mundo y la que tenemos de nosotros mismos ha llamado siempre la atención a los que nos dedicamos a la salud mental. La paradoja está ahí y, por lo visto, forma parte de la idiosincrasia del ser humano. Numerosas investigaciones lo reflejan: mientras que la mayoría de la gente dice sentirse feliz, un porcentaje elevado de las personas juzga que las cosas (en la sociedad, en la política, incluso en la naturaleza) no van tan bien.
¿A qué se debe esta discrepancia notable entre nuestra visión benévola y reconfortante de nosotros mismos y nuestra visión del mundo, más crítica y acerada? Aunque desde el punto de vista lógico, la cuestión resulte contradictoria, el dilema es fácil de resolver si pensamos que nuestra mente no está hecha para alcanzar la verdad: su sentido adaptativo real es darnos una imagen del mundo que nos sirva para sobrevivir en medio del caos.
Por eso, el pesimismo ante las personas y ante el mundo puede ser adaptativo: nos permite protegernos, nos permite estar alerta ante los peligros. Sin embargo, con nosotros mismos es mejor que seamos optimistas: así conseguiremos la motivación y las fuerzas suficientes para seguir adelante…

La aptitud de Ciorán (“el mundo tiene que cambiar pero a mí no me hace falta?) es, de hecho, la aptitud de la mayoría de los seres humanos.
Por algo será.