Archivo de Marzo de 2007

EL PRECIO

Martes, 27 de Marzo de 2007

Acabo de volver a ver “El hombre que pudo reinar?…
Allá por mediados de los años 70, John Huston dirigió esta película basándose en un relato de Rudyard Kipling. 
La historia empieza en la India. Dos militares británicos se adentran en el lejano país de Kafiristan.  Los habitantes de ese lugar no han visto en su vida a hombres blancos y uno de los protagonistas aprovecha esta circunstancia para convertirse en un rey y un dios para miles de personas.
Poco a poco, su personalidad va cambiando hasta que acaba asumiendo la forma de ser de lo que se supone que es: alguien que está por encima de lo humano.  Al final, su adaptación al papel que los demás le suponen es tan buena que su compañero de fatigas no reconoce en él al bribón arrogante y pendenciero con el que empezó la aventura.  Las expectativas de los demás han cambiado completamente su personalidad.

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La transformación que sufre el protagonista de “El hombre que pudo reinar? no es más que una demostración de lo que veo continuamente en terapia: representamos papeles ante los demás. Y, a veces, acabamos siendo esclavos de nuestro propio rol.  
Todos intentamos mantener una imagen apropiada a la situación en la que estamos para conseguir la aprobación de los otros.  Para determinar cuál es la mejor aproximación, sopesamos presentaciones alternativas, es decir, distintos papeles. Y acabamos quedándonos con aquel que creemos que mejor se adapta a lo que queremos que los demás piensen de nosotros.
Somos distintos con los amigos, en el trabajo o con nuestra pareja porque pretendemos dar imágenes distintas. 
El problema viene cuando el papel que estamos representando nos lleva a actitudes, formas de comunicación y gestos que implican  un tipo de vida que no se corresponde con nuestro interior.  Por ejemplo, una persona que ha adoptado el papel de buena y condescendiente pero que, a la vez, está acumulando mucha ira interior, puede llegar a sentirse realmente mal. 
O, como en el caso de “El hombre que pudo reinar?, una persona que adopta el papel de dios omnipotente e impertérrito tendrá problemas si su fondo es el de un hombre con pasiones tremendamente humanas. El protagonista de la historia se convierte en un hombre dividido.  Solo puede sacar a la luz su yo más sencillo cuando está con su amigo. Por culpa de las circunstancias en las que se ha metido tiene que interpretar su otro yo, el auto-contenido y alejado de las pasiones humanas, delante de miles de personas. Difícil tarea… 
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Kirk Douglas decía en una entrevista: “Cuando te conviertes en una estrella no eres tú el que cambia: son los demás“. El problema llega cuando nos sentimos obligados a asumir ese cambio de visión y representar el papel que los demás han elegido para nosotros.




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