LA CULPA

El protagonista del post de hoy se suicidó en Kyoto hace aproximadamente treinta años. El motivo era que se sentía responsable de la pérdida de un cuadro.
En aquellos días, algunas obras del artista francés Toulouse-Lautrec estaban siendo expuestas en aquella ciudad. Días más tarde de la inauguración de la exposición, la embajada francesa recibe a una comisión japonesa que anuncia que uno de los cuadros ha sido robado. Los miembros de la comisión anuncian al embajador que han puesto dinero entre todos y que adelantarán el dinero del seguro hasta que éste llegue.
El embajador intenta consolarles: les explica que el cuadro era secundario y que no hay que preocuparse por su pérdida. Pero mientras dice estas palabras, se da cuenta de que no ha dejado hablar a los japoneses. Estos todavía tienen algo más que añadir: con tono tranquilo, explican que el director del museo se ha suicidado para asumir su responsabilidad, presentar excusas y limpiar su honor de esta mancha…

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El sentimiento de culpa es una de las emociones más penosas para el ser humano. De hecho, todas las culturas del mundo han ideado formas de afrontarlo que van desde los sacrificios de perdón a los dioses hasta la creación de chivos expiatorios. Siempre es difícil, para cualquier miembro de una cultura, entender cómo se maneja la culpa en otras sociedades.
Nuestra sociedad está cambiando radicalmente en su forma de afrontar este sentimiento. A pesar de que hay pensadores que hablan de que toda la civilización judeo-cristiana se basa en la explotación del malestar que produce este sentimiento, hoy en día se habla poco de la culpa. Para muchos psicólogos, por ejemplo, sentirse culpable es poco adaptativo: lo que tenemos que conseguir los seres humanos es sentirnos responsables de los errores, no culpables. La diferencia es radical: si uno se siente responsable de la pérdida de un cuadro, por ejemplo, no se suicida. Trata de encontrarlo.

Aún así, la culpa es algo que sigue existiendo y deciendo gran parte de nuestras vidas. Mi ilustración preferida acerca de su influencia es un sencillo pero ilustrativo experimento. En él se conseguía (no fue difícil) que un grupo de estudiantes hiciese trampas en un examen. Al terminar, el profesor pedía voluntarios para ayudarle a corregir: sólo se quedaron los que habían copiado. El resto se fue porque no se sentía culpable.
Seguimos actuando en función de nuestra culpa. Muchas de las cosas que hacemos, tienen que ver con este sentimiento y con nuestra necesidad de volver a sentirnos mejor. Pocas veces conseguimos ser responsables: la mayoría de las veces nos conformamos con actos que mitiguen nuestra tensión, aunque no sirvan para nada o no tengan nada que ver con aquellos a los que hemos hecho daño.

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El suicidio ritual es una de las soluciones para la culpa más extrañas desde nuestro punto de vista. En este caso, además, el acto nos resulta profundamente inútil porque, de hecho, el cuadro apareció días después. Pero conviene recordar que, aunque nosotros no llevamos la culpa a ese extremo, podemos llegar a estar completamente paralizados por ese sentimiento y no afrontar nuestras responsabilidades.

16 comentarios sobre “LA CULPA”

  1. luis muiño dijo:

    La elección de las imágenes era obvia. Dicen que Toulouse-Lautrec, el autor del cuadro que fue robado, vivía atormentado por algo que le ocurrió en la infancia y le hacía sentirse culpable. Sentirse culpable no le ayudó mucho a ser feliz ni a hacer feliz a aquellos que tenía cerca…

    El Muy Interesante del mes de Abril trae un artículo mío en el que divago un poco acerca de algo que me inquieta: ¿Por qué a veces nos sentimos responsables de nuestros actos?¿Por qué a veces no?¿Hay personas que tienen más tendencia a sentirse culpables?¿Existe el Síndrome de Peter Pan?… Si os apetece, éste es el post adecuado para dar opiniones y pedir referencias sobre lo que digo en la revista. El artículo se titula, apropiadamente, “A mí que me registren”.

  2. pau dijo:

    Lo del cuadro lo conocía, lo de los estudiantes no. Curioso esto último, porque de los japoneses se puede esperar cualquier cosa, pero de los otros…
    Cuando alguien dice: ” a mí que me registren”, enseguida piensas que algo oculta, que si no es el culpable sabe quien ha sido o es cómplice de él.
    Hay sentimientos de culpa que no nos los quitaremos nunca, lo extraño es cuando vemos a otros hacer ciertas cosas y quedarse tan tranquilos, como si no tuvieran conciencia. Supongo que el efecto de enjambre ayuda mucho, como también cuando se hace mucho mal a muchos. Vamos… la excusa del asesino que la segunda vez ya mata sin asombrarse.

    Un abrazo.

  3. U.B. dijo:

    ¿Seguro que los que copiaron se hicieron voluntarios por su sentimiento de culpa y no por obtener algún beneficio extra o por disimulo? Es que me cuadra más lo del suicidio del japonés que lo de los estudiantes…Debo de ser francamente retorcida.

    www.unabohemia.blogspot.es

  4. suigeneris dijo:

    Otro viejo y frecuente problema es el estar siempre echando a los demás la culpa de lo que nos pasa.

    Inmadurez, creo, en cualquier caso…

  5. Laura dijo:

    Acabo de terminar de leer el artículo del Muy Interesante. Me ha gustado muhco. Y me ha encantado la explicación esa de los de control interno y los de control externo. Los primeros son los que se responsabilizan de su vida. Los segundos son los que echan la culpa a los demás. Los primeros tienen el riesgo de acabar mal por echarse la culpa de todo. Los segundos tienen el riesgo de que son incapaces de cambiar porque nunca se echan la culpa de nada. Espero haberlo entendido bien.

  6. Koldo dijo:

    “¡¡¡Eso lo he dado!!!” (como dicen los niños cuando le preguntan algo que saben…)
    Estoy suscrito a “Muy Interesante”. Como vamos como motos, había realizado una primera lectura rápida… y me había detenido en su artículo, Sr. Muiño, leyéndolo casi por completo. Lo he vuelto a leer y “le he buscado”: efectivamente su nombre aparece, al final, en letras chiquititas… ¡Qué fallo! de haberme percatado, le hubiera dedicado más atención; pero, “la prueba del algodón”, nunca falla: el artículo resultó “muy interesante” tanto antes como después de haberlo sabido… ¡Enhorabuena por su artículo, pues!

    (Por cierto, don Luis: por fin conseguí terminar la lectura de su último libro “Perder el miedo al miedo”. Se lee muy agusto y se entiende perfectamente. ¡Enhorabuena! también y muchas gracias por haberlo escrito)

    Doña “U.B.”: según creo recordar haber leído del propio Luis Muiño o del Sr. Punset (mi alzheimer cada vez va a peor…) en el experimento con los estudiantes lo que ocurrió es que les facilitaron antes de entrar al examen todas las preguntas. De ahí que se sintieran “culpables” (¿con relación al resto de estudiante o con ellos mismos?).

    El mayor problema que veo con los muy responsables es que no suelen perdonarse a sí mismos los errores… y tampoco se los perdonan a los demás. Los jefes muy responsables suelen ser bastante agobiantes; pero suele aprenderse mucho más de la profesión con ellos. (El caso de “House” creo que también tiene que ver con esto).
    El problema está en que -si no le ponemos algún tipo de control- ese afán por la responsabiidad puede “desbocarse”, como si nunca se consiguiera ser lo suficientemente bueno… debe ser algún tipo de “manía autoalimentada” (seguro que los psicólogos ya le tienen puesto algún nombre concreto): sólo produce insatisfacción, porque, más que pensar y disfrutar de lo bien que hemos hecho -que estamos haciendo- algo, nos empeñamos más en pensar que seguro que hay “algo” (o muchos “algos”…) que hemos hecho mal… que no debemos bajar la guardia nunca… que el cualquier momento de descuido… ¡zas! ¡la pifiamos!
    Creo que también tiene mucho que ver con el autocontrol y la autoestima: miedos, en suma, de todo tipo, de los que ya casi soy un auténtico “poffessssioná” después de leerme su libro…

    El caso japonés es muy llamativo: parece como si tuvieran una tendencia ancestral -ya desde los samurais- al harakiri…
    No lo entiendo muy bien me gustaría comprenderlo.

    Los creyentes en religiones con normas deberían ser muy responsables, aunque sólo fuera por ello: por creer que si no cumplen dichas normas pueden ir al infierno (por ejemplo). Y, sin embargo, no es así. Siempre “salen” muchos con que el Hombre es débil y que Dios les perdonará al final…

    Pues si algo tan “gordo” como tu salvación eterna te la puedes pasar por el arco de triunfo… ¡¡¡Ya es que no se respeta nada!!! ¿A dónde vamos a parar?

  7. Dana dijo:

    Me pareció muy bueno tu texto!
    Creo que logra transmitir un contenido que es complejo, pero al que lo hacés muy simple, accesible…
    La culpa sigue estando, como vos decís, pudiendo operar invisiblemente y a veces sin dejar translucir el por qué de su existencia…
    Saludos!
    Daniela

  8. Tane dijo:

    ¿Tan difícil es ser responsable solo de tus actos erróneos? ¿Qué tiene que ver en casos así la culpa? Si me siento culpable ¿dónde está mi libertad? Si mis actos son fruto de mi libertad ¿cuándo tengo que sentirme culpable, antes o después de haberlo realizado? Gracias a Dios ya no vivimos bajo las órdenes del emperador… ¿o si? ¡Ay ese super yo tan rígido! ¿Todavía no ha entrado en crisis? Son preguntas que me hago y que no espero tener respuesta. Besos a todos, por ahí empieza la libertad ¡amándonos!

  9. Lumons dijo:

    Ahora me doy cuenta de que, en nuestra sociedad, otorgamos el mismo significado a “culpa” que a “responsabilidad”. Para nosotros son palabrás sinónimas: diferentes y con el mismo significado. La respuesta de este uso está en la situación descrita por Luis en esta entrada.

  10. Rafa dijo:

    Muy ilustrativo el caso japonés, pero creo que los mecanismos de la culpa en esa cultura son en parte diferentes de los de la nuestra la judeo-cristiana.

    Me explico. Contaba J.A. Vallejo Nájera en su interesantísimo “Mishima o el placer de morir” (no me gustaron nunca ni el hombre ni su obra, Juan Antonio digo, pero este ensayo es apasionante, y me descubrió al maravilloso Mishima) que si trasladáramos la emblemática parábola del buen samaritano cristiano a la cultura japonesa, resulta que la acción más virtuosa que puede hacer el caminante por el hombre apaleado por los bandidos y abandonado en el camino es cederle su capa y marcharse dejándole morir. La explicación es muy sencilla: en esa cultura el honor y la honestidad se basan en la compensación equivalente, es decir que uno debe a los demás lo mismo que haya recibido, y si el caminante salva la vida del malherido le hará terriblemente desgraciado, porque le deberá nada menos que la vida, y sólo podrá pagarle esclavizándose a él y finalmente suicidándose.

    Por eso el suicidio del director del museo. No es por compensar la pérdida del cuadro, que efectivamente ni siquiera intenta recuperar, y efectivamente es recuperado, es por compensar la confianza defraudada, una deuda de tal dimensión que sólo puede pagar con su vida. Sin ir más lejos el año pasado respondió de la misma forma el presidente de uno de los bancos más importantes de Japón ante su catastrófica quiebra, y su error no fue fraudulento sino exclusivamente de mala gestión.

    La culpa judeo-cristiana tiene una base más perversa: la idea del pecado original nos convierte en culpables ante la divinidad sólo por el hecho de nacer. Esta culpabilidad por defecto, con su amenaza de castigo eterno incluida, es una culpa abstracta, sin objeto y remedio definidos, algo así como un estado permanente que podemos aliviar en parte con nuestras buenas obras pero nunca completamente (el cielo directo es sólo para los santos, los demás tenemos que pasar en el mejor de los casos una buena temporada en el purgatorio). Una culpa así, con un pago permanente y siempre insuficiente, no sólo es frustrante sino terriblemente manipulable por el poder (religioso y civil, pero también el pequeño gran poder del victimismo de tu pareja, un amigo, tu madre, incluso de ti mismo).

    En resumidas cuentas creo que la culpa oriental es “civil”, humana, concreta y ética, y la culpa occidental es “religiosa”, divina, abstracta, alienante. Por supuesto esto es una simplificación reduccionista, el tema es mucho más complejo y además luego vino el calvinismo y sus consecuencias protestantes que liberaron la culpa cristiana de gran parte de su alienación.

    En cualquier caso, creo que la responsabilidad no es más que la culpa bien gestionada, es decir no quedarse nunca en deuda con los demás o consigo mismo, afrontar lo hechos y las consecuencias de cara y pagar cuando haya que pagar, con alegría y sin miedo, pidiendo disculpas y dando las gracias todas las veces que haga falta, y sin pararse, siempre hacia adelante, aprendiendo de los errores pero sin miedo a cometerlos.

    Creo que como casi todo depende de nosotros mismos, como dice el tópico lo importante no es que nos perdonen sino que seamos capaces de perdonarnos.

  11. Dudosa dijo:

    Me interesa mucho tu comentario, Rafa. Y lo enlazo con una distinción que hace Luis Muiño en el artículo del Muy entre control interno, cuando nos responsabilizamos de nuestros errores y éxitos, y control externo, cuando echamos la culpa de errores y éxitos a algo de fuera.
    ¿Crees de verdad que hay alguna diferencia profunda entre la culpa judeo-cristiana y la oriental?¿Seguro que es ético suicidarse para compensar la confianza defraudada?¿No es exactamente lo mismo que propugna la idea católica, yo confío en que no seas malo (masturbándote, por ejemplo) y si me defraudas tienes que sentirte culpable?.
    Lo digo porque yo, por ejemplo, si confio en alguien y ese alguien me defrauda, prefiero que se sienta responsable y haga algo hacia el futuro a que se sienta culpable y, por ejemplo, se pegue un tiro. Así que si se suicida no lo hace por mí. A mí su culpabilidad no me sirve de nada, así que si se limita a actuar en función de ella lo hace por sí mismo, no por mí. Que no aguanta su propia culpa, vaya, y el muy capullo (o capulla) prefiere meterse en sí mism@ para no tener que dar la cara.
    ¿No te parece que las personas de control interno no hacen eso?¿No te parece que, en el fondo, los que se suicidan o se ponen a rumiar su propia culpa (en cualquier cultura) lo hacen porque no se sienten responsables de lo sucedido?.
    Yo estoy convencida de que si le preguntamos al director del museo antes de suicidarse nos dice que la culpa del robo la tienen sus subordinados, pero que le toca a él suicidarse. Si se siente responsable no se suicida. Porque cuando eres de control interno y te sientes responsable de un error te sientes obligado a hacer algo por la persona a la que has herido.

  12. Sandra dijo:

    Muy interesante el artículo del Muy Interesante.
    Y sugerente este texto. Y las imágenes. A mí, por lo menos, me han recordado uno de mis más íntimos sentimientos de culpa.

  13. Tana dijo:

    H@la,
    Parece que es cierto que se sufre menos considerándote responsable que culpable, y así abrirte el camino para actuar siguiendo tus propias reglas e ir articulando tu propio código de conducta.
    Lo malo es que entonces no tienes el autoengaño de que “algo” externo te perdonará.
    Vamos, que es otro paso para madurar, y encima la culpa, del todo, cuesta quitársela.
    Y lo que debe ser horroroso, pensando en estas fechas, es el sentimiento de aquell@s que creen que por sus actos o pensamientos son culpables del sufrimiento de Jesús hombre. Ay, señor, si el nazareno levantase la cabeza que decía lo contrario y además no les conoció en su época.
    Habrá que tener paciencia……… Mientras voy a ver si consigo el artículo del M.I.
    Saludos y gracias,

  14. Yolanda dijo:

    A mi me parece que el sentimiento de culpa está mas ligado con uno mismo, con la autoimagen y el ego. Parecería como si lo que uno no puede perdonarse es haberse fallado a uno mismo. La culpa a menudo procede de un narcisismo herido. Por esta razón la reparación no parece ser una salida válida.

    El sentido de la responsabilidad, en cambio, parece estar más ligado a los hechos, a sus efectos y a los otros. Por eso mueve más a la reparación y a buscar soluciones.

    Creo que los sentimientos de culpa tienen mucho componente egocéntrico… a veces nos sentimos demasiado protagonistas. Hace poco me encontré con una persona que hacía mucho tiempo que no veía… esa persona se apresuró a pedirme perdón por unos hechos ocurridos en el pasado que yo ya ni recordaba. Para mi estaba todo superado y olvidado, pero esa persona aún vivía con la culpa de lo que pasó y convencida de que me había arruinado la vida. Recuerdo que cuando nos despedimos y se fué, pensé: “Pero que se habrá creído éste… tampoco es alguien tan importante como para dejar tanta huella en mi vida”.

  15. la aguja dijo:

    La cultura oriental no es única en materia de suicidios por motivos de culpabilidad.
    Recuerdo unas imágenes de hace unos años por televisión. Había una rueda de prensa. Uno de los jefes más gordos de no sé qué Administración americana (sesentón a mi entender) comparecía para dimitir de su cargo. Por lo visto le culpaban o/y responsabilizaban de un desfalco. La situación era tal que el hombre no podía demostrar su inocencia. Durante su charla ante los medios casi nadie reparó en una bolsa de papel que tenía en una mano. Cuando finalizó dijo algo así como que era inocente y que como no podía probarlo a continuación se iba a suicidar. De la bolsa extrajo un pistolón de esos que sólo verlos ya asustan. Se metió el cañón del revólver en la boca y mientras en la sala se oían algunos ¡no!, ¡no! proferidos con cierta incredulidad, disparó saltándose la tapa de los sesos.

    Un americano de toda la vida se suicidó “en vivo y en directo” ante los atónitos ojos de los periodistas que cubrían la rueda de prensa. Recuerdo bien la escena —aunque no los detalles (nombres y acusación)— porque por aquel entonces se había marchado de España un tal Roldán.

    Curiosos estos dos puntos de vista occidentales de entender la culpa o/y la responsabilidad.

  16. Uno más dijo:

    Desde mi punto de vista la culpa es una manera muy importante de manipular por lo que tienen el control o el poder y cómo tal, la culpa en sí, es un concepto relativo al que cada uno le da más o menos importancia en función de la educación que haya recibido a lo largo de su vida.

    Si bien, estoy en totalmente en contra de que a la gente se le eduque con sentimientos de culpa. Lo correcto sería educar con la responsabilidad y el hacer la cosas correctamente y al mismo tiempo disfrutar de la vida de forma intensa experimentando poco a poco todo lo que tenemos a nuestro alcance (cosas saludables claro está).

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