EL PRECIO

Acabo de volver a ver “El hombre que pudo reinar”…
Allá por mediados de los años 70, John Huston dirigió esta película basándose en un relato de Rudyard Kipling. 
La historia empieza en la India. Dos militares británicos se adentran en el lejano país de Kafiristan.  Los habitantes de ese lugar no han visto en su vida a hombres blancos y uno de los protagonistas aprovecha esta circunstancia para convertirse en un rey y un dios para miles de personas.
Poco a poco, su personalidad va cambiando hasta que acaba asumiendo la forma de ser de lo que se supone que es: alguien que está por encima de lo humano.  Al final, su adaptación al papel que los demás le suponen es tan buena que su compañero de fatigas no reconoce en él al bribón arrogante y pendenciero con el que empezó la aventura.  Las expectativas de los demás han cambiado completamente su personalidad.

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La transformación que sufre el protagonista de “El hombre que pudo reinar” no es más que una demostración de lo que veo continuamente en terapia: representamos papeles ante los demás. Y, a veces, acabamos siendo esclavos de nuestro propio rol.  
Todos intentamos mantener una imagen apropiada a la situación en la que estamos para conseguir la aprobación de los otros.  Para determinar cuál es la mejor aproximación, sopesamos presentaciones alternativas, es decir, distintos papeles. Y acabamos quedándonos con aquel que creemos que mejor se adapta a lo que queremos que los demás piensen de nosotros.
Somos distintos con los amigos, en el trabajo o con nuestra pareja porque pretendemos dar imágenes distintas. 
El problema viene cuando el papel que estamos representando nos lleva a actitudes, formas de comunicación y gestos que implican  un tipo de vida que no se corresponde con nuestro interior.  Por ejemplo, una persona que ha adoptado el papel de buena y condescendiente pero que, a la vez, está acumulando mucha ira interior, puede llegar a sentirse realmente mal. 
O, como en el caso de “El hombre que pudo reinar”, una persona que adopta el papel de dios omnipotente e impertérrito tendrá problemas si su fondo es el de un hombre con pasiones tremendamente humanas. El protagonista de la historia se convierte en un hombre dividido.  Solo puede sacar a la luz su yo más sencillo cuando está con su amigo. Por culpa de las circunstancias en las que se ha metido tiene que interpretar su otro yo, el auto-contenido y alejado de las pasiones humanas, delante de miles de personas. Difícil tarea… 
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Kirk Douglas decía en una entrevista: “Cuando te conviertes en una estrella no eres tú el que cambia: son los demás“. El problema llega cuando nos sentimos obligados a asumir ese cambio de visión y representar el papel que los demás han elegido para nosotros.

13 comentarios sobre “EL PRECIO”

  1. luis muiño dijo:

    Las ilustraciones que hizo Gustavo Doré para la Divina Comedia plasman en imágenes dos cosas que a mí siempre me han dado miedo: la épica del poder (que supongo que es lo que les “pone” a las personas que lo buscan con ahínco) y la fragilidad del papel de los mitos.

    Cuando trabajé en Las Barranquillas, un infierno al que acudían los heroinómanos a comprar su dosis, conocí a unos cuantos antiguos dioses de la música, de la televisión y del cine. Ellos me ayudaron a darme cuenta de lo que significa ser esclavo de las expectativas de los demás… Si os interesa el tema, está muy bien contado en una novela de ciencia ficción que se titula “Qué difícil es ser dios”. Es de los hermanos Strugatsky, es antigua y sus imágenes se han quedado muy anticuadas. Pero la idea de la novela me parece cada vez más vigente en esta sociedad que nos pide a todos convertirnos en mitos, o sea, en pequeños dioses.

  2. Esbrújulo dijo:

    Equilibrio, mantener nuestra propia personalidad y convivir con los que nos rodean.
    Es fundamental conocernos, aceptarnos como somos y no dudar de nosotros mismos en nuestro propio pensamiento.
    Al mismo tiempo no podemos irlo pregonando por todas partes. Nos vemos obligados a silenciar muchas cosas reservándolas a nuestra intimidad y a adoptar con cada persona de las que nos rodean una actitud diferente según nuestra relación más o menos estrecha y lo que sepamos de ella.
    Un problema de equilibrio, que puede romperse si hacemos demasiado caso a lo que los demás piensen de nosotros.
    A la vista de lo que ocurre en el mundo parece que este equilibrio que yo veo tan fácil no lo es, y son muchos los que se lanzan a representar un papel hasta perder su propia personalidad.
    El poder, el dinero, el prestigio social. ¡Pobres de ellos!

  3. aborym dijo:

    Tengo mi historia personal al respecto, hace unos meses lo dejé con la que era mi pareja: nos conocimos poco y nos fuimos a vivir juntos.

    En todo lo que recuerdo de la relación, ella siempre se sinceraba conmigo sobre el daño que le hacía haberse salido de lo que hasta hacía muy poco era su vida y el vacío que le producía la situación… yo opté por ser impasible (demostrar serlo) ante todo, me ocupé de tratar de demostrarle que lo único que necesitaba para vivir en paz era estar con ella, procuraba que ella se fijara en la manera en que yo estaba por encima de toda situación y lo poco que me afectaba todo por el solo hecho de estar con ella.
    Cuando me di cuenta, mi vida giraba solo alrededor suyo y mi propia imagen para mi, era la del gran hombre que se merece el cielo por el solo hecho de dejarlo todo por la persona a la que ama, así me veía y lo pero de todo es que así pensaba yo que ella me veía…

    La relación se acabó y donde estaba yo???
    Sufriendo orgulloso de ser el héroe de una tragedia griega, emborrachando,e para convencerme a mi mismo de que había perdido un trozo de mi ser y luego??? pero que hago?? si ella ya sale con otra persona!!!! bah me voy a mi casa a dormir. Fabián

  4. Tane dijo:

    No haces nada más que poner … El protagonista de “El hombre que pudo reinar” fue un tramposo de principio a fin, y dado que ya se había creído su mentira un error lo dejó al descubierto por lo que tuvo que huir porque no se lo iban a perdonar sus congéneres. ¿No hablabamos de esto mismo no hace muchas fechas? qué la mentira es un proceso adaptativo del ser humano… Me has hecho recordar a nuestro Fernando Savater que hace unos años, en una de sus crónicas decía “cuando estuve tomando el té con Su Graciosa Majestad…” ya no volvió a publicar crónica alguna en la revista de marras.

  5. Jana dijo:

    En realidad la vida no es más que un baile de máscaras. La única condición que se pone es ir disfrazado para la ocasión. Algunos eligen disfraces elegantes que los hacen ser los más distinguidos del evento.Se disfrazan de reyes,emulando ser señores de alto rango para así poder seducir al mundo con su poder durante una noche. Otros inventan seres fantásticos que de la magia hacen su más fiel compañera. Los menos se lucirán con arapos y rostros abatidos. Todo está permitido en la fiesta de la apariencia. Aquellos que nos aconsejaron vestirnos de reyes deberían habernos dicho que nuestro disfraz no era más que la tela de un bufón. En la sala de baile cada uno elige su disfraz, no todos los bailes a los que somos invitados requieren la misma vestimenta. De ahí que el variar nos haga por una noche ser seres diferentes de los que fuímos en la fiesta de ayer, y así poder seguir ocultando nuestro verdadero rostro bajo máscaras que cada vez más van haciendo que olvidemos cuál fue nuestra verdadera cara. Si no hay variedad, no hay baile. Son los anfitriones los que deciden que máscara debemos escoger para tan gran acontecimiento, el único objetivo que deberemos conseguir es lograr ser anfitriones por una noche de nuestro propio baile.

  6. Koldo dijo:

    Si no me equivoco, los psicólogos llaman “Efecto Pigmalión” precisamente a eso: conseguir, mediante expectativas externas (de mi grupo o de alguien importante para uno), que éstas se cumplan… Dicho malamente: que si los demás se empeñan en que sea el rey de Kafiristán, acabaré siéndolo de mil amores… Al parecer, científicamente comprobado…

    […Luego decimos que es de gente atrasada seguir creyendo en “el mal de ojo”, que “me han mirado mal”… En el fondo parecería como que se tratara de lo mismo, aunque, en este caso, fuera en sentido peyorativo… (salvando las distancias, claro, y para entendernos)]

    Cuando uno empieza a tener cierta edad, bien empiezan a preguntarle todos bien se pregunta a sí mismo, “qué quiere SER de mayor”… “SER”… No “hacer” o “dedicarse” o “ganarse la vida”… aunque aparentemente se trate de la misma pregunta…

    El “Efecto Pigmalión”, subrepticia y subliminalmente, ya empieza a “hacer su trabajo”: “SOMOS” (”seremos”), en gran medida, en función de lo que hacemos (hagamos)…

    Como la vida es “ansí”… al final da igual para lo que te prepares (”estudies”); lo que te guste, porque lo que creías que te gustaba, luego, descubres que no era así (y viceversa); para lo que creías que valías y, luego, descubres que estabas equivocado (y viceversa); las casualidades y oportunidades que van surgiendo en la vida, etc., etc., etc.

    Con las personas, igual; incluyendo, por supuesto también, a la “presunta” “persona de tu vida”…

    Me parece que tiene toda la pinta de ser algún tipo de proberbio chino o árabe; pero decía algo así como que debemos ser más “juncos” (flexibles ante los avatares/vientos furiosos de la vida) que árboles robustos… que pueden quebrarse y ser arrastrados… Alguien “por ahí” habla también de un dejar/sentirse “fluir”…

    Pues eso: ¿qué hay de malo en “creerse” de izquierdas -por poner un ejemplo, como otro cualquiera- y acabar dándonos cuenta que actuamos como siempre pensamos que “eran” los de derechas?

    Una de las maravillas (y los profundos misterios) de la vida consciente (¿sólo los humanos?) es que tenemos sensación de identidad, de consciencia de ser nosotros mismos, a lo largo de toda nuestra vida… y, sin embargo, con sólo un poquito de esfuerzo instrospectivo, nos damos cuenta -también- de lo distintos que hemos ido siendo a lo largo de todo ese viaje vital… marcándose netamente en alguna que otra etapa importante hitos de cambio profundos… (Sí, algo parecido a lo de Heráclito con su ejemplo del río…)

    Suele darme bastante “buen juego” psicológico: centrarse (como la mejor referencia o brújula) en el “cómo me siento”, que me deje de tonterías, de orgullos, prejuicios y, cómo no, de presuntos “efectos pigmalión” que presionen sobre mí… Es el mejor “timón” para no tener que arrepentirse (de golpe o “por etapas”) del error de decidir siguiendo otros “más elevados y racionales” motivos o argumentos… Porque la razón está muy bien para muchas cosas y momentos; pero para el devenir vital, lo mejor es escuchar y hacer caso a nuestros sentimientos… Al final, seguro que te equivocas igual; pero, aún en los fracasos, te sientes mejor, más vital, con la sensación vital de que has sido tú, y no tus circunstancias externas, quien has “manejado tu barca”…

    ¿Tiene toda esta perorata algo que ver con el tema de don Luis Muiño? Perdón, si así no hubiera sido…

  7. porsiaca dijo:

    Incluso puede darse la expectativa ajena de “no corresponder a las expectativas ajenas”.
    Y esa es otra presión, otra culpa; porque ¿por qué no se puede dudar de uno -decisiones, actitudes, opiniones, características personales-, tener miedo, preferencia o necesidad de ser apreciado, si uno se sabe apreciable?
    Ser inseguro es tan una personalidad como otra, tan respetable, tan legítima para la existencia como otra.
    Digais lo que digais, ahí sí que “¡que cambien ellos!”. Ahí soy radical, inamovible. Vamos, a poder ser. Es decir, si se les puede convencer… ;P
    ¿Por qué silenciarlo? ¿Nos hace vulnerables? Todos sabemos que nuestras aurículas y ventrículos son vulnerables, y no por eso, en las calles, reina el pánico y los transeuntes caminamos vigilando quien se nos aproxima a la espalda estaca en mano.

  8. Rafael dijo:

    Hay ahora en la TV un anuncio publicitario de un coche, en el que Julio Cotázar habla de lo que sucede cuando te regalan un reloj.
    Un texto recitado por él mismo que yo creo enlaza, en cierto modo, con esto que tu nos cuentas.
    Tan cierto es lo que dices como que yo estoy aquí, escribiéndote esto, porque asumo el papel de visitante que pretende ser agradable.
    Lo cierto es que al hacerlo no me traiciono en absoluto, asi me gusta ser, pero no deja de ser una postura.
    Aunque claro, ¿Que no lo es en la vida? quizás solamente el amor.
    Saludos, paisano.

  9. Tana dijo:

    H@la,
    Pues sí, parece que cuando tienes problemas y alguien quiere “reeducarte” casi siempre te dicen aquello de “no te sigas comportando así”, “fíjate en lo que hacen l@s demás”, “no digas lo que otr@s no quieren escuchar”, “adáptate al entorno en cada caso”, “sé flexible y sufrirás menos”.
    Y cada un@ lo hacemos como podemos, porque al final asumes que te debes estar equivocando.
    Como para mí el fin nunca justifica los medios, en el camino de intentar conseguir mi propio equilibrio debo meter mucho la pata, porque el precio que he ido pagando ha sido bastante alto. Y no me refiero unicamente al sentimiento de encontrarte sol@ buscando tu identidad y la forma de andar por este mundo sin levantar, ni que te levanten, ampollas; ultimamente el precio pagado ha sido directamente económico también. Vamos, que se han mermardo considerablemente los ingresos de los que vivo. Y no sé como seguirán las cosas, si me voy a ver en los dilemas de estar decidiendo continuamente cuales y cuantos precios voy a tener que seguir pagando para conseguir salir de los atolladeros en los que me encuentro.
    Y es que aunque un@ mism@ no quiera ir por la vida pensando que tiene que ir pagando precios por casi todo, parece que algun@s si están dispuestos a cobrarse porque les parece que pueden hacerlo y les importa un pito como andes de recursos.
    Así que creo que lo que más me interesa es meterme en un mundo distinto. Hay que probar, creo que hay otros muchos más dentro de éste. Se tratará de buscar donde se paga menos peaje, total no llevo prisa (de momento).

  10. U.B. dijo:

    Somos muchos, pero a la vez somos el mismo. Entonces me pregunto si las personas que nos conocen en los distintos ambientes opinan parecido sobre nosotros (si somos muy tal o poco cual).

    www.unabohemia.blogspot.es

  11. Lumons dijo:

    Eso lo hacen a menudo los artistas para que se hable de ellos. Algunos tienen dependencia a la fama, otros la adquieren y, otros terminan siendo vedados.

  12. Firelander dijo:

    El título de este libro / película en inglés es ligeramente más significativo: “The man who would be king” que se traduce algo así como “El hombre que llegaría a ser rey”.
    Y digo que es más significativo porque insinúa el proceso del cambio (de la personalidad) de llegar a ser rey.

  13. elena dijo:

    ojala, todos comprendieramos esas reflexones, dejariamos de intentar agradar a otros a costa de lo que somos.

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