Archivo de Marzo de 2007

LA CULPA

Viernes, 30 de Marzo de 2007

El protagonista del post de hoy se suicidó en Kyoto hace aproximadamente treinta años. El motivo era que se sentía responsable de la pérdida de un cuadro.
En aquellos días, algunas obras del artista francés Toulouse-Lautrec estaban siendo expuestas en aquella ciudad. Días más tarde de la inauguración de la exposición, la embajada francesa recibe a una comisión japonesa que anuncia que uno de los cuadros ha sido robado. Los miembros de la comisión anuncian al embajador que han puesto dinero entre todos y que adelantarán el dinero del seguro hasta que éste llegue.
El embajador intenta consolarles: les explica que el cuadro era secundario y que no hay que preocuparse por su pérdida. Pero mientras dice estas palabras, se da cuenta de que no ha dejado hablar a los japoneses. Estos todavía tienen algo más que añadir: con tono tranquilo, explican que el director del museo se ha suicidado para asumir su responsabilidad, presentar excusas y limpiar su honor de esta mancha…

Toulouse-Lautrec 1.jpg

El sentimiento de culpa es una de las emociones más penosas para el ser humano. De hecho, todas las culturas del mundo han ideado formas de afrontarlo que van desde los sacrificios de perdón a los dioses hasta la creación de chivos expiatorios. Siempre es difícil, para cualquier miembro de una cultura, entender cómo se maneja la culpa en otras sociedades.
Nuestra sociedad está cambiando radicalmente en su forma de afrontar este sentimiento. A pesar de que hay pensadores que hablan de que toda la civilización judeo-cristiana se basa en la explotación del malestar que produce este sentimiento, hoy en día se habla poco de la culpa. Para muchos psicólogos, por ejemplo, sentirse culpable es poco adaptativo: lo que tenemos que conseguir los seres humanos es sentirnos responsables de los errores, no culpables. La diferencia es radical: si uno se siente responsable de la pérdida de un cuadro, por ejemplo, no se suicida. Trata de encontrarlo.

Aún así, la culpa es algo que sigue existiendo y deciendo gran parte de nuestras vidas. Mi ilustración preferida acerca de su influencia es un sencillo pero ilustrativo experimento. En él se conseguía (no fue difícil) que un grupo de estudiantes hiciese trampas en un examen. Al terminar, el profesor pedía voluntarios para ayudarle a corregir: sólo se quedaron los que habían copiado. El resto se fue porque no se sentía culpable.
Seguimos actuando en función de nuestra culpa. Muchas de las cosas que hacemos, tienen que ver con este sentimiento y con nuestra necesidad de volver a sentirnos mejor. Pocas veces conseguimos ser responsables: la mayoría de las veces nos conformamos con actos que mitiguen nuestra tensión, aunque no sirvan para nada o no tengan nada que ver con aquellos a los que hemos hecho daño.

Toulouse-Lautrec2.jpg
El suicidio ritual es una de las soluciones para la culpa más extrañas desde nuestro punto de vista. En este caso, además, el acto nos resulta profundamente inútil porque, de hecho, el cuadro apareció días después. Pero conviene recordar que, aunque nosotros no llevamos la culpa a ese extremo, podemos llegar a estar completamente paralizados por ese sentimiento y no afrontar nuestras responsabilidades.




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