OTRAS VOCES, OTROS Ã?MBITOS
Walter Mitty es el protagonista de un clásico relato de la literatura estadounidense. En él se nos habla de las anodinas rutinas del bueno de Walter… y de su intensÃsima vida paralela.

El protagonista es una persona con un devenir común condimentado con cientos de fantasÃas. Cuando pasa delante de un hospital, Walter Mitty se imagina como un heroico médico que es reclamado en la sala de operaciones: dos eminentes especialistas piden ayuda al Doctor Mitty. En otros casos, según el lugar en el que se encuentra, Walter Mitty se imagina que es un piloto en misión épica, un campeón de tiro, un hombre seductor…
Este relato del escritor James Thurber se convirtió en un éxito gracias a la humanidad que trasmite al reflejar una costumbre absolutamente arraigada en el ser humano: la de fantasear. Según una investigación clásica, prácticamente todos los seres humanos tenemos fantasÃas cotidianas. Soñamos despiertos en el trabajo, leyendo, estudiando, caminando por la calle…
Sin embargo, no nos solemos acordar de estas fantasÃas. El recuerdo depende mucho del apoyo social: muchas veces nos acordamos más de lo que la gente nos cuenta que ha ocurrido que de nuestra propia imagen.  Las fantasÃas, al no ser compartidas, son historias difÃciles de memorizar. De hecho, cuando se habla de este tema, la reacción de muchas personas es de incredulidad. “Yo casi no sueño despiertoâ€?, dice mucha gente. Hasta que empieza a recordar…

La edad es, por lo visto, decisiva en el asunto éste de las fantasÃas. Los jóvenes dedican mucho más tiempo a elaborar éste tipo de historias épicas. A medida que nos vamos haciendo mayores, sin embargo, el interés disminuye y cada vez empleamos menos tiempo en soñar despiertos. Quizás las fantasÃas cumplan un papel de anticipo del futuro: nos ayudan a visualizar objetivos y a saber a dónde queremos ir. A medida que llega la madurez, esta función es menos importante: nos centramos más en el presente y menos en el futuro.
Otra posible función de estas fantasÃas es ayudarnos a salir de la rigidez de planteamientos. Cuando vemos la vida desde lo posible, se nos olvida plantearnos imposibles que quizás no pueden ocurrir, pero son útiles para pensar las cosas de otro modo y encontrar soluciones alternativas. Imaginarnos cómo serÃa nuestra vida de pareja si fuéramos una famosa estrella de rock puede enseñarnos mucho sobre cómo afrontarla cuando no lo somos.
En honor al protagonista de este relato, se llama “SÃndrome de Walter Mittyâ€? a la forma de ser de las personas que pasan más de la mitad de su vida sumergidas en este mundo alternativo. Estos individuos fantasean con amigos imaginarios en la infancia y llegan, en su madurez, a ponerse enfermos imaginando situaciones tensas o a experimentar orgasmos simplemente imaginando una situación erótica.
¿Se puede vivir en este mundo y, a la vez, en otro mundo dentro de éste?Â
Por lo visto, sÃ. Muchas personas lo han hecho y han conseguido pasárselo muy bien en los dos. Yo les envidio esa capacidad.
19 de Febrero, 2007 - 2:16 pm
Las imágenes son de Moebius, un dibujante con el que yo llevo evadiéndome desde los quince años. Me ayuda mucho en esos momentos en los que siento que la realidad es una alucinación causada por la carencia de imaginación…
El tÃtulo se lo he robado a Truman Capote. Mis padres tenÃan la tÃpica biblioteca de libros de CÃrculo de Lectores. Los tÃtulos de muchas de las novelas me resultaron muy sugerentes (“Duermen bajo las aguasâ€?, “Nadie deberÃa morirâ€?, “Los cipreses creen en Diosâ€?,…). “Otras voces, otros ámbitosâ€? era uno de esos libros y recuerdo todavÃa muchas de las imágenes que tanto ése como los demás tÃtulos convocaban en mÃ. Por supuesto, no he llegado a leer casi ninguna de aquellas novelas, pero no importa: me queda la imaginación…
Y es que yo soy un tipo profundamente realista. En los momentos malos, los fantasiosos tienden a creer que dos y dos son cinco. Yo suelo pensar que son cuatro y que no me gusta nada que sea asÃ. A veces, cuando las cosas no se pueden cambiar, me gustarÃa mucho ser de los primeros. Supongo que por eso en todos mis libros hablo tanto de la fantasÃa como fórmula de entender el mundo: me ayuda a racionalizar mi envidia.
Si os apetece leer algo sobre esto, yo seguà muchas ideas de “Matando monstruos”, de Gerard Jones, cuando escribà la “GuÃa para padres con poco tiempo y mucho cariño”.
19 de Febrero, 2007 - 5:16 pm
¿Esto es que mi mejor amigo nunca existió?
Bueno ni modo voy a imaginar algo diferente ahora
19 de Febrero, 2007 - 9:03 pm
Dices e alguna lÃnea por ahà arriba que “A medida que llega la madurez, esta función es menos importante: nos centramos más en el presente y menos en el futuro.” Y yo qué hago con mi madurez si sigo soñando en el futuro? Quiere decir qué soy jovencita, porque entonces hace muchÃsimos años descubrà a una mujer que en los albores del siglo XX recibió el Nobel y me enseñó “que el futuro no existe hay que crearlo” evidentemente lo podemos ver como puro presente pero ¿qué será éste si no tiene objetivos a medio y largo plazo? No me queda otro remedio que cavilar…
19 de Febrero, 2007 - 9:24 pm
Vaya, pues no sabÃa que esa cosa mÃa era un sÃndrome y además con nombre…
Pues sÃ, se pasa la mar de bien, y te ayuda mucho a anticipar y resolver muchas cosas. PodrÃa decirse a veces que muchas situaciones son un deja vù consciente, porque ya lo viviste antes.
Desde luego además, entretenido, es muy entretenido.
19 de Febrero, 2007 - 10:48 pm
¡Pues a mà que me preocupa el fantasear de algunos que conozco…!
Hay fantasÃas peligrosas como delirios de grandeza, autoproclamación de vengador justiciero, espera por el prÃncipe azul, etc, que es posible que arrastren a la confusión realidad-fantasÃa. (Y eso puede machacar al resto o automachacar…)
Por lo demás, bien por la imaginación.
19 de Febrero, 2007 - 10:55 pm
Estoy de acuerdo, don Luis: me parece que la imaginación y la fantasÃa cumplen la función básica, primordial, iniciática del ensayo, la prueba… pero como un “experimento con gaseosa”, es decir, fuera de la realidad y a sabiendas de que jugamos en ese ámbito.
A menudo (casi siempre, ¡para qué vamos a engañarnos!) es el único “atajo” que nos permite “realizar” nuestros sueños, nuestros ideales o utopÃas…
Desconozco si este matiz existe oficialmente en PsicologÃa: para mà la “Imaginación” estarÃa dentro del ámbito de la pura hipótesis, pero siempre dentro de lo posible, más o menos
pausible; la “FantasÃa” estarÃa -normalmente, a sabiendas (que, si no, ya nos moverÃamos en lo patológico)- en un ámbito fuera de lo pausible (al menos, de antemano) y por la cual “nos damos permiso” para dejarnos llevar y llegar… incluso a través de caminos donde “no mandamos” nosotros, funcionando casi como auténticos espectadores de nuestras propias elucubraciones…
La primera es práctica. Nos sirve o nos prepara para solucionar problemas (aunque sean imaginarios, podrÃan llegar a plantearse en la vida real); a veces, incluso, puede llegar a hacernos sentir algo cansados; puede costarnos esfuerzo…
La segunda es “liberadora”. En sus resultados psÃquicos, seguramente sea lo más parecido a cuando nos desahogamos contándole nuestros problemas o nuestros puntos de vista a una 3ª persona… pero haciéndolo con nosotros mismos… y, además, no como monólogo o reflexión, sino como si se tratara de “otro”, es decir, que a la vez somos nosotros los que “hablamos” (emitimos un mensaje, aunque no tengamos muy claro cuál) y los que “escuchamos” (en cuanto tampoco tenemos muy claro qué nos queremos decir, a dónde nos lleva, lo vamos interpretando a medida que va surgiendo…). Efectivamente: es como si sóñáramos despiertos…
Supongo que existe un componente muy importante en todas las drogas “alucinógenas” que va por ahÃ: es la pretensión de recuperar esas habilidades perdidas en la más remota infancia a través del artificio de la quÃmica exógena a la del propio cerebro… Es, precisamente, en lo único que -podrÃamos decir- echo de menos de mi adolescencia algo “porrera”: si serÃamos imbéciles que lo único que pretendÃamos era ir soltando las mayores tonterÃas que nos fueran surgiendo… uno tras otro o todos a la vez, provocándonos unas situaciones absurdas y de total y contÃnua carcajada. (hasta dolernos las tripas y acabar absolutamente agotados)… ¡que ya la quisiera yo ahora! (aunque sólo fuera muy de vez en cuando… digo lo de las carcajadas; que lo del porro -como lo del tabaco- lo abandoné -gracias a Visnú- hace ya muchos años).
Estoy absolutamente de acuerdo, por tanto, con “suigeneris” en lo del “déjà vu” y que resulta muy entretenido…
Otro tipo de “fantasÃas” serÃan del tipo “no querer ver” o “no querer darse cuenta”, como cuando -de pequeños- ya sabÃamos que los Reyes Magos eran los padres; pero hasta que dicho conocimiento no llegara a oÃdos de éstos… aún se podrÃa continuar “la magia”; o como cuando nuestra mujer (o marido) “nos la están -realmente- pegando”; o que nuestra actitud o imagen ya no pueden seguir siendo la de jovencitos (resultando grotesco y ridÃculo)…
Resumiendo: creo diferir de don Luis Muiño en lo último que afirma (”la fantasÃa como fórmula de entender el mundo”); yo votarÃa más como fórmula de evadirse o desentenderse -aunque sólo fuera por ese delicioso ratito- de la realidad que no comprendo o no apruebo del mundo…
El envidioso es aquél que, viendo algo que los demás tienen y él no… acaba olvidándose del objeto (de deseo) para centrarse en el sujeto (el envidiado), deseándole el mayor daño posible que pudiera ocasionarle, a través de su ausencia…
Lo considero uno de los peores odios que alguien puede sentir por otro… y de los más dañinos para consigo mismo.
…Y lo desea para sà con tal fuerza, sufrimiento y compulsión que le transforma, concentra en ello todos sus recursos disponibles -incluido el tiempo que sea necesario- despojándole de cualquier recuerdo de ética o, incluso, humanidad… por lo frÃo que queda cuando lo consigue.
Me extrañarÃa mucho, don Luis, que usted sea capaz de sentir envidia de nadie… Eso sÃ: las carencias propias (sobre todo, las insolubles) se llevan mucho mejor si las “despistamos” con toda la fantasÃa que seamos capaces de generar…
El problema de “fantasear” es cuando perdemos el suelo, no queremos reconocer(nos) en la realidad e intentamos engañar y engañarnos contÃnuamente. Creo que se da muy a menudo y hace mucho daño (sobre todo a uno mismo). Me parece un signo de inmadurez…
20 de Febrero, 2007 - 10:03 pm
Dejo enlazado en mi nombre el relato “La vida secreta de Walter Mitty”, que sirvió de base a la pelÃcula del mismo tÃtulo, con ligeras variaciones.
El prototipo de fantaseador onÃrico tiene una variante, que es la del mentiroso compulsivo. Alguien que jamás cuenta la verdad y continuamente construye historias, y cuando se le desmontan, cuenta otras más enrevesadas para justificarse. Resulta agotador, pero son absolutamente transparentes si no se cae en la tentación de creerlos.
Me imagino que escribir relatos de ficción serÃa una buena vacuna, si no necesitaran desencadenar una reacción inmediata y comprobable, cosa que los que escribimos no logramos.
Un abrazo
21 de Febrero, 2007 - 11:31 am
Yo sólo la fantasÃa no tengo nada que opinar. Pero sobre los transtornos bioquÃmicos sÃ. Y tengo que retractarme: algunas personas necesitan ayuda quÃmica para mejorar porque si no no hay manera. Cosa que antes me parecÃa …
Buenos dÃas.
21 de Febrero, 2007 - 2:56 pm
La fantasÃa y la imaginación me han nacido de ver pelÃculas y leer libros, de identificarme con un personaje y ponerme en su piel. Claro, de pequeño, después de ver un western, jugaba con mi hermano a indios y vaqueros y me pedÃa ser John Wayne, siempre “lo mataba” y cómo no, me dejaba herir para ser un héroe más dramático.
El aterrizaje de la fantasÃa a la realidad me está costando años y me deja su poso en la creatividad: es de lo más divertido escribir la historia paralela de cualquier amigo en un relato de ficción (”Juan, el tÃmido de la oficina, se transforma en un ligón sin escrúpulos durante sus vacaciones en Laredo”) y observar la reacción que produce en nuestro entorno común dicha historia. De paso, proyecto mis carencias, imagino.
La realidad está llena de preocupaciones. La fantasÃa, dentro de los lÃmites que apunta Gatopardo, ayuda a soportarla. Imagino…
21 de Febrero, 2007 - 10:04 pm
Vivir en un mundo de fantasÃa no creo que sea adaptativo…, fantasear de vez en cuando es totalmente necesario.
Espero no perder esa capacidad con el tiempo. Si no que alguien me de una colleja.
22 de Febrero, 2007 - 11:36 am
H@la,
Pues a mà me encantan muchos tipos de fantasÃa y en especial cuando es compartida con más gente.
Hay otras que no me gustan nada, ni las propias ni las ajenas, pero de eso se trata: encontrar con quien fantasear un rato y pasarlo bien. Imagino que las fantasias que se cuentan en terapia o se diagnostican se llamarán de otra forma.
Besos,
23 de Febrero, 2007 - 5:11 pm
Sólo un saludo… os leà pero como para mÃ

No es nada audible… un testimonio de presencia, meramente.,,
paz y amor
http://odeo.com/audio/9417323/view
Sabbath
23 de Febrero, 2007 - 9:04 pm
¿Por qué debemos sujetarnos a una única realidad? James Barret, escritor de Peter pan, decÃa que nadie debÃa abandonar la infancia. Y es en relación a tu artÃculo que creo que la infancia de Barret es una metáfora a la imaginación. Entonces, por qué no potenciar esa imaginación dejándonos llevar por una realidad paralela, por un instante, desquitándonos de esta realidad que a veces es placentera y otras criminal. Pienso que el “sÃndrome de Walter Mitty” es la mejor representación de la “enfermedad de los escritores”: la creación de otros mundos donde poder refugiarse en tan sólo un papel. Por ello diré que como todos los que vivimos y sentimos, yo me considero enferma de él. Y evocando la frase mÃtica de aquella revolución que tuvo lugar en Europa por parte de todos los partidarios de la potenciación para crear ” otros mundos ” a través de la mente diré: ¡¡¡La imaginación al poder!!!!. Y un ejemplo digno de este tema creo que es el libro de “La historia Interminable”, es una clara respuesta a que SÃ? debemos seguir fantaseándo.
24 de Febrero, 2007 - 12:24 am
Sólo una frase de Schiller, con la que me he identificado siempre: «La fantasÃa permanece eternamente joven. Lo que no ha ocurrido, no envejece nunca.»
Un saludo, Luis. Buen artÃculo.
24 de Febrero, 2007 - 3:57 am
Suponiendo que las fantasÃas siempre sean gratas (olvidemos las figuraciones paranoides de esquizofrénicos, manÃacos, depresivos y más sufridores mentales), a lo mejor, no convienen en todo momento.
¿Qué hacÃa La Lechera -el cuento- fantaseando con la prosperidad que le proporcionarÃa la venta de los cántaros de leche, que sus ensoñaciones dejaron estrellar contra el suelo?
Por muy adaptativas que puedan ser, tal vez haya ocasiones que deberÃamos enfrentarnos a la realidad que se pretende evadir.
¿Es preferible cerrar los ojos y transmutar la brusquedad de la violación de tu pareja en el modo torpe de su pasión? ¿Tiene ventajas negar las deficiencias de un hijo e interpretarlas como diferencias, peculiaridades irrelevantes?
¿Es sano engañarse con el pasado, creerse las mentiras que explicamos a los otros, cuando uno no acepta ni asume y se traumatiza con sus errores?
Y, sobre fantasÃas (ficciones) fantaseadoras: ¿Podrá reducirse la tipologÃa sobre este asunto a tres personajes como Amelie (la imaginativa y altruista protagonista del film de Jean-Pierre Jeunet), Selma (la desahuciada obrera de “Bailar en la oscuridad” refugiada en sus invenciones mentales), y… la loca de Cenicienta que se creyó su cuento de hadas y asà nos lo contó?
24 de Febrero, 2007 - 2:42 pm
Gracias Final fantasy por recordarnos que la realidad es una mierda, que existen injusticias, maldades, dramas, desgracias y demás tragedias.
Todo, absolutamente todo, es cuestión de los ojos que lo ven. Eso es, al final, tu realidad: lo que quieren ver tus ojos.
Claro que hay que distinguir lo real de lo imaginado, si no, mal nos irÃa en el mundo ese que tú ves como una… mierda?
Se trata de vivir, y, a veces, de sobrevivir…
24 de Febrero, 2007 - 7:06 pm
Me identifica profundamente este escrito. Fantaseo a todas horas: asà me relaciono con gente que no conozco (o no conozco bien) e imagino conversaciones siempre agradables y desinhibidas que me reconfortan y tranquilizan. Es fantástico, una forma estupenda de descargar tensiones y formalidades, de relajarse…
25 de Febrero, 2007 - 1:17 am
No es eso lo que estoy diciendo, suigeneris. En absoluto la realidad es una mierda para mÃ. Todo lo contrario, te lo puedo asegurar. Y, precisamente, lo que digo es que no hace falta que la realidad sea perfecta. Incluso, puede ser objetivamente lastimosa, y sentir más que apego por la vida; plenitud, si quieres llamarle.
La realidad es la que es, y no hay que autoengañarse con imaginarias versiones mejoradas para sobrevivir. Es más, el mejor modo de hacerlo, sobrevivir, es pensar que nada es tan grave, tan trágico, para penar por la existencia.
Eso, en cuanto a los “dramas” insalvables. Pero es que además, es más práctico reconocer lo que es evitable, eludible, transformable, y ponerse manos a la obra.
No sé si ya se me entiende sin equÃvocos.
Si yo me mato de risa fantaseando. Pero esa apologÃa masiva de la fantasÃa, me irrita un poco, vaya.
25 de Febrero, 2007 - 2:11 am
No, si estamos de acuerdo, pero es lo que tienen las palabras…
Yo también se lo que es real, no creas.
25 de Febrero, 2007 - 11:10 am
Estoy absolutamente de acuerdo con “Final fantasy”, don Luis. Es más, se agradece que no sólo sea una opinión más de las muchas que vertemos aquà todos… (tan respetable, por tanto, como todas las demás)… sino que, además, implica una “categorización” de nuestras carencias (al menos, de las que -conscientemente- somos capaces de reconocer) en dos categorÃas: sobre unas (las insalvables) sólo nos quedarÃa reconocerlas y saber “convivir” con ellas de la mejor manera posible; sobre las otras (las salvables), todo lo contrario: no resignarse, sino “trabajar” y superarlas…
Y, sobre todo, su “canto a la vida”, la realidad, la existencia o como cada cual quiera llamarlo… Un mensaje plenamente positivo, retador ante los problemas, dificultades, carencias…
¡Enhorabuena, de nuevo, don Luis!
26 de Febrero, 2007 - 3:19 am
Ya lo sé últimamente, suigeneris: la comunicación es difÃcil…
Gracias, Koldo ¿te he dicho alguna vez lo majo que eres? :p
(me ha sentao bien tu estar de acuerdo, jeje)
Pero, ahora, empezaba yo a pensar si, al final, no seré yo la más loca persona fantasiosa capaz de creerse la fantasÃa de que nada es tan grave ni trágico, y todo por sobrevivir emocionalmente, por no sufrir.
Sin embargo, por otro lado, cuando las fantasÃas personales (esas posibles y no lesivas para los otros) nos cuentan historias que nos hacen felices ¿no es preferible que dejen de serlo y las convirtamos en realidad?
Entonces: ¡no! a buena parte de las fantasÃas, otra vez.
Si es que no soy de fiar…
26 de Febrero, 2007 - 2:06 pm
La fantasÃa se sobrealimenta con lo que llevamos dentro. Una cosa es la teorÃa. Y otra la realidad sin relampagazos que nos cambien el itinerario fantástico. Hasta las canciones tiene ese punto fantástico que eleva a la máxima potencia, incluso haciendo el amor con fantasÃa. A fin de cuentas, se fantasea para darle más autenticidad al asunto. Y eso es malo?
Cualquiera de las formas entrañan las posibilidades de la fantasÃa. Está en nuestro orden genético, unos lo llevamos solo los Domingos, y otros todos los dÃas.
Una vitalidad más que tenemos que apechugar.
Besos a todos, es mi humilde opinión.
Pero usted Koldo, tiene un puntito que, oye hasta en mis fantasÃas sale. (con todo mis respectos eh?);p
27 de Febrero, 2007 - 11:54 pm
¡Mala suerte, don “Final fantasy”!:
¡¡¡Vuelvo a estar de acuerdo con vos!!!
¡¡Me gusta mucho esa forma de pensar!!: siempre poniéndolo todo y poniéndose a uno mismo en “estado de duda” permanente y crónica…
Efectivamente, en muchos casos (éste serÃa uno de ellos) existen tantos argumentos lógicos a favor como en contra… Y, efectivamente, también, en la duda… ¡mejor aherrojar la fantasÃa y afrontar la realidad que nos ha tocado vivir!
No obstante… si disfrutamos con fantasÃas (es un hecho); si sabemos que lo son; si somos conscientes que no sirven ni servirÃan nunca como sustitución (ni parcial siquiera) de la realidad… ¿Por qué no permitÃrnoslo? ¿Qué hay de malo en ello? ¿Por qué debe ser malo beberse una buena jarra de cerveza? ¿Disfrutar con la lectura de una novela de ciencia-ficción? ¿Irse al cine y transportarse gracias a la gran pantalla?
Todas esas fantasÃas dejarÃan de ser sanas sólo si ejercieran un poder “anestésico” o “inhibidor”… En las dosis adecuadas (como casi siempre…) creo que son, incluso, necesarias…
28 de Febrero, 2007 - 1:04 am
¿Será posible que no consigo quitarme a este Koldobika de los talones?
Pero yo me referÃa ahora a fantasÃas-anhelo, no a fantasÃas-evasión.
Si yo imagino, fantaseo, sueño, visualizo, que le digo a mi jefe que dispone de mi puesto de trabajo para lo que guste…, o imagino que tengo una relación sexual-tabú, o cualquier idea, por la que, ciertamente, se sienta uno atraÃdo, puede que sean acciones que nos convenga hacer realidad.
Las fantasÃas del tipo -soy una bruja que reconoce la rencarnación de un viejo enemigo brujo, y mantengo un “combate” aéreo con éste- son más lúdicas (diversión, deseos imposibles), evasivas (liberar tensión, venganza) o algo de eso.
Empiezo a espesarme, voy a dormir.
28 de Febrero, 2007 - 11:31 am
Pois eu paso a vida fantaseando que son un poeta, ainda que sei que non o son. De calquer xeito estou convencido de que morrerei de poesÃa.
E casi coma o que dis ti de vivir nun mundo dentro deste, e no pretendo darte envexa nin cousa parecida.
Apertas.
28 de Febrero, 2007 - 6:20 pm
Eu, rapaciño!
Benvindo!
Acabo de ler teu blog.
A túa poesÃa encantoume.
Parabéns
28 de Febrero, 2007 - 6:26 pm
@ “Final fantasy”:
Bueno… ¡Va!
…Si se trataba de “fantasÃas-anhelo” y no de “fantasÃas-evasión…
En cualquier caso, (”erre que erre”, yo insisto), a tus fantasÃas-anhelo yo las llamo más “imaginación”… ¡pero estoy de acuero de nuevo! (je, je)
28 de Febrero, 2007 - 7:38 pm
AAAAAARRRGGGG que me da algo!!! XD
)
(Pero está muy bien que estés “a cuero”…