MIRAR DESPACIO
En uno de sus libros , el viajero Douchan Gersi narraba un encuentro con un taleb, un hombre de conocimiento de una tribu seminómada vasalla de los Tuareg…
De este hombre, al que conoció en Tombouctu, se decÃa que podÃa predecir con meses de antelación y durante la estación seca cuánta lluvia caerÃa en la estación húmeda. Un dÃa Gersi asistió a una de sus predicciones. HabÃa venido un vecino de otra aldea a consultarle. El taleb le invitó a tomar un té y luego pidió al vecino que esperara, mientras él dejaba la habitación. Salió al huerto y miró al cielo y los árboles y plantas que crecÃan en derredor. Al volver, dijo al hombre: “Las primeras lluvias caerán dentro de tres meses. En total serán unos treinta centÃmetros de aguaâ€?.
Gersi esperó a que se quedaran solos y le pidió al taleb que le revelara el secreto. Éste le llevó al huerto (en el sentido más prosaico de la palabra) y allà le conminó a que descubriera las señales que él habÃa utilizado. Obviamente, nuestro viajero no veÃa nada y al cabo de un rato de búsqueda, se rindió. El taleb le señaló entonces unos pequeños nidos que los pájaros constituÃan en los arbustos bajos y le preguntó: “¿A qué altura están?”. Gersi calculó que estaban a unos treinta centÃmetros. Entonces, el sabio le explicó su método:
“Estos pájaros indÃgenas saben que deben construir sus nidos un poco por encima del nivel del agua. En consecuencia, tendremos algo menos de treinta centÃmetros de agua en el punto culminante de la estación de las lluvias. Y además, es fácil saber cuándo empezarán las lluvias viendo en qué fase está la construcción de los nidoâ€?. Gersi preguntó: “¿Y no se confunden nunca?â€?. “Si se confundieran“, replicó el taleb, “no habrÃa ni un solo pájaro: el hombre puede equivocarse, la naturaleza no”

Una historia como ésta nos recuerda algo que, en el fondo, todos sabemos: la ciudad y el campo cambian nuestra forma de ver el mundo. Existe una razón que explica en parte esa dicotomÃa: el medio urbano somete a las personas a un aluvión de estÃmulos que desborda el potencial del ser humano para procesarlos. Es decir, hay demasiadas cosas y no podemos atenderlas. Por eso, cuando estamos en una ciudad ponemos en marcha un mecanismo de adaptación. Negamos todo lo que no sea relevante para la situación que nos toca vivir. Podemos ver un taxi que sea acerca entre una multitud de coches, pero en ese mismo momento ignoramos a un hombre tendido en la cuneta porque creemos que está borracho.
El umbral de atención de los que están en contacto con la Naturaleza es mucho más elevado que el del habitante de un entorno urbano. Para que algo llame la atención a una persona de la ciudad tiene que tener un volumen muy alto, ser muy novedoso o resultar muy chocante. Si no, acabará por ignorarlo.
En el medio urbano, esa técnica es muy adaptativa. Pero en el campo, donde lo importante es la Naturaleza (un estÃmulo que habitualmente suele ser sutil) la táctica no funciona. Allà están mejor adaptadas las personas como este taleb al que conoció nuestro viajero.
Allà son más felices los individuos que son capaces de mirar algo despacio aunque este algo no sea ni muy grande ni muy ruidoso.

22 de Enero, 2007 - 10:41 pm
Los cuadros son del aduanero Rousseau, un tipo que nunca quiso ver la Naturaleza: preferÃa imaginársela. A mà siempre me ha pasado una cosa parecida: la Naturaleza que más me gusta es la que me invento o la que me inventan (por ejemplo, me encanta la que imagina Miyazaki en “La princesa Mononokeâ€?). Y luego claro, la de verdad me suele decepcionar. Excepto en Ã?frica: allà conocà una Naturaleza más fantástica que la de mi fantasÃa…
El libro que más me ha influido a la hora de trabajar la forma en que percibimos el medio que nos rodea y de cómo cambia nuestra forma de ser ha sido “Cerebro de liebre, mente de tortuga� de Guy Claxton. Me hizo pensar mucho sobre lo de “mirar el mundo rápidamente o lentamente�.
23 de Enero, 2007 - 12:27 am
Yo vivo en una ciudad.Lo que dices me parece cierto,pues todos los años al comienzo de marzo,empiezo a pasear por un bosque que hay a las afueras de la ciudad.En los primeros dÃas voy mirando al frente,rápido y sin prestar atención a nada,pero conforme van pasando los dÃas voy escuchando más sonidos y viendo más animales.Pienso que con un poco de calma podrÃamos disfrutar un más de los sentidos;como defiende el movomiento”slow food”,que hoy he descubierto escuchando la radio.
23 de Enero, 2007 - 6:19 pm
Mágico post, señor Muiño. Hay que ver como te gusta cambiar continuamente de tema y sorprender. Creo que debes de ser una persona curiosa.
¿PodrÃas darnos la referencia del libro del tal Gersi?
23 de Enero, 2007 - 6:32 pm
Claro, Dudosa. Con mucho gusto…
Con mucho gusto porque es un libro fascinante. Se llama “El pueblo tuareg”. Y, lo dicho, es de Douchan Gersi, un escritor viajero. Este hombre tiene también otro sobre Haità que se hizo famoso por la hipótesis que lanza para explicar el tema de los zombies. Creo que los dos estudios están en algo que se llama “Vudú, magia y brujerÃa. SabidurÃas de lo invisible”…
Los estudios de este tipo transmiten magia. Yo creo que casi todas las historias que cuenta son mentira. Pero también creo que lo que dicen esas historias es verdad.
23 de Enero, 2007 - 7:02 pm
Pues creo que el tema propuesto por don Luis tendrÃa alguna relación con el comentario que hice en el anterior: muchas veces tenemos los datos -la información- delante de nuestras propias narices; pero no sabemos -o no podrÃamos- aprovecharlos…
Si en algo hecho de menos la naturaleza es en la sensación siempre de escalofrÃo, al amanecer, con la humedad del rocÃo empapándolo todo y el intenso olor a vegetación, a campo, a vida que lo impregna, hasta saturar su percepción…
23 de Enero, 2007 - 7:08 pm
De acuerdo con la tesis que se defiende “el no ver de la vida urbana es un proceso adaptativo” me pregunto ¿adaptativo a qué o a quién? Desde luego he visto ir muy deprisa en realizar cosas para salir corriendo a sentarse ante la tv para ver el programa elegido. Conozco personas que si no están un dÃa en un avión con destino a Ningun sitio, ese no es un dÃa es un rato desperdiciado. Esas mismas personas cuando están tres dÃas en una localidad distinta a la suya están incapacitados para pasear por ella descubriendo su idiosincracia, sus formas de vida, sus valores, su estética, su educación… ¿eso es adaptación? Pues que quieres que diga, no me lo parece. Si estás adaptado, lo estás con todas las consecuencias otra cosa es que a una parte nuestra le demos la espalda y aun asà creamos que somos realistas. Y otra cosa importante a tener en cuenta desde mi punto de vista: no conocemos toda la realidad, por lo tanto aceptemos nuestra finitud.
23 de Enero, 2007 - 7:26 pm
Olvidaba decir que creo que el “taleb” no es sino el ejemplo de lo que seguramente fue el germen de la Ciencia: la sabidurÃa popular, el saber ver, oÃr, escuchar… conocimientos desarrollados a lo largo de muchas generaciones y contrastados igualmente durante muchos años. Transmitidos oralmente de padres a hijos. De origen incierto; pero enriquecidos poco a poco, año tras año, individuo a individuo… Como ocurre con las hierbas medicinales y remedios curativos…
Es decir, que, posiblemente, no fuera “cosecha” propia -observación y pensamiento- del taleb, sino información recibida… aunque (seguramente, también) contrastada por él mismo en multitud de ocasiones.
23 de Enero, 2007 - 8:32 pm
Querido amigo:
Hoy estoy aquà para pedirte que entres en el enlace al que vinculo este comentario para participar en un post que no deseo escribir yo sola. Te lo pido a ti y se lo pido a todas las personas que están leyendo este comentario. Corred la voz, decÃdselo a vuestros contactos, nos tienen que escuchar… ¡Os veo en La Letra Escarlata, gracias!
23 de Enero, 2007 - 9:01 pm
La dificultad de aprender verdaderamente
En cierta ocasión, un hombre de gran erudición, fue a visitar a un anciano que estaba considerado como un sabio. Llevaba la intención de declararse discÃpulo suyo y aprender de su conocimiento.
Cuando llegó a su presencia, manifestó sus pretensiones pero no pudo evitar el dejar constancia de su condición de erudito, opinando y sentenciando sobre cualquier tema a la menor ocasión que tenÃa oportunidad.
En un momento de la visita, el sabio lo invitó a tomar una taza de té. El erudito aceptó, aprovechando para hacer un breve discurso sobre los beneficios del té, sus distintas clases, métodos de cultivo y producción. Cuando la humeante tetera llegó a la mesa, el sabio empezó a servir el té sobre la taza de su invitado. Inmediatamente, la Taza comenzó a rebosar, pero el sabio continuaba vertiendo té impasiblemente, derramándose ya el lÃquido sobre el suelo.
-¿Qué haces insensato? -clamó el erudito-. ¿No ves que la taza ya está llena?
-Ilustro esta situación -contestó el sabio-. Tú, al igual que la taza, estás ya lleno de tus propias creencias y opiniones. ¿De qué te servirÃa que yo tratara de enseñarte nada?
(SabidurÃa y espiritualidad oriental)
tal vez se trate de vaciarnos para poder saturarnos de los conocimientos que nos dan los propios sentidos…. en eso tengo un poco de experiencia, pues vivo en una zona muy rural y veo acariciando, escucho los aromas del aire, paladeo el sonido de la tierra húmeda, y todo ello me enseña un paisaje escrito por los que realmente conocen enteramente el universo que nos compone.
LUZ … para los que hacen hueco.
23 de Enero, 2007 - 9:06 pm
por cierto…. me gustarÃa que un dÃa viesen a mi perrita (que es un labrador guÃa perfectamente adiestrado), como tiene sus conversaciones con las nubes que no le dejan tomar el sol.
bueno… pero lo fuerte no es ver como se dirije a ellas con toda clase de aullidos y gemidos hasta que se retiran, lo que si que es espectacular es como las nubes le hacen caso
LUZ… para los que miramos y leemos
24 de Enero, 2007 - 9:25 pm
Yo creo que hay tres distancias, tres miradas, tres maneras de ver o no ver… lo urbano sÃ, lo rural que nos acerca a la naturaleza y lo Ãntimo…
Conocà a un hombre que decÃa que cuando se internaba en el metro de Madrid cerrase o no cerrase los ojos veÃa el Avila…
Conocà a una mujer que cuando cerraba los ojos en su cama sentÃa al otro y abrazaba sus mundos.
Se nos olvida hablar de lo que nos enseña la cama… el no ver o no querer ver ahÃ… el Ver… el no querer escuchar o Escuchar… el Oler… el Saber… cuando mundo marino vivimos en esos instantes… cuanta Naturaleza agreste… cuánta dulzura… cuanto respirar del suspiro…
Pero ahora he dado con Hester Pryne y no puedo hacer otra cosa que determe aquà e irme corriendo a descubrir qué dice…
24 de Enero, 2007 - 9:30 pm
Y supongo que este mirar despacio es extensible a la observación de las personas.
Descubrir los detalles de la naturaleza es reconfortante, pero llegar a entender, o lo que tal vez sea lo mismo, a “amar” los comportamientos de las personas es conciliador (claro que también asusta un poco poder llegar a comprender algunos comportamientos, tendencias, filias, deseos…)
Una discriminación rápida también me parece interesante en ocasiones (y no pocas). Como se dice aquÃ, es práctico o adaptativo: en el monte o en el asfalto.
24 de Enero, 2007 - 11:15 pm
H@la,
No vale esto que nos hace el Muiño. Nos pone en el asfalto y luego nos dice que la mejor mirada que ha tenido es en �frica.
Ya le vale. Con eso de que tiene por origen cerca a los portugueses las meigas le llevaron por el mar y le dejaron en la costa africana.
En cuanto tenga tiempo, dinero y ganas me gustarÃa volver a Ã?frica también. Y eso que mi última experiencia no os la recomiendo.
Zakul: el del cuento era un/@ pedante. En Johnny Guitar alguien le habrÃa echado el café por la pernera.
Cuidaros,
24 de Enero, 2007 - 11:59 pm
De acuerdo con Koldo en que ganaremos si mantenemos un cierto contacto con la naturaleza. Estar dentro de la misma nos hace más atentos a cuanto nos rodea, percibir más, y con una tranquilidad y serenidad únicas. Para mà no hay nada comparable como una noche solo (o con unos pocos amigos) en plena naturaleza, con el cielo estrellado de techo.
Replicando a Mila, la adaptación es este caso de demasiados estÃmulos es reducir la atención a los más útils para no rebasar nuestros lÃmites.
Replicando a Kasandra, lo rural está más próximo a la naturaleza pero no es la naturaleza, hay que ir a ella, donde no encontremos nada que sea obra del hombre salvo algunos caminos y senderos.
25 de Enero, 2007 - 8:06 pm
Kasandra se fue ayer sin terminar su comentario… y kasandra ya sabe lo que son las dunas Don Esdrújulo.
25 de Enero, 2007 - 11:37 pm
Recuerdo hace mucho, cuando vivÃa en el Pirineo, en un valle entre altas montañas, no llevaba reloj, no hacÃa falta… miraba el cielo y sabÃa la hora con precisión casi suiza.
Ahora, sin reloj, no sirvo para nada.
Un saludo.
26 de Enero, 2007 - 8:37 pm
Por algo me he ido yo a vivir a un pueblito y voy andando a los sitios y disfruto el camino lleno de campo y pajarillos que me lleva cada dÃa a trabajar a la urbe…
Cuestión de ritmos… Y eso somos, vibración. Cuando estamos en la naturaleza acabamos sincronizando con un ritmo homogéneo. En la ciudad hay tantas vibraciones frenéticas que todo se aturulla, se desincroniza. A no ser que te pares y observes desde tu propia vibración lenta. Es entonces cuando puedes disfrutar la ciudad lentamente.
28 de Enero, 2007 - 6:35 pm
Entendido Kasandra, y disculpa.
Hay mucha gente a mi alrededor que confunde ambos ambientes, ¡Incluso quien confunde la naturaleza con cualquier cosa verde situada fuera de la ciudad!
30 de Enero, 2007 - 1:54 pm
Unos cientÃficos británicos de no sé qué centro prestigioso, supongo que después de mucho investigar, han llegado a la conclusión de que la primavera se adelanta una semana, cosas del cambio climático.
Ejem, está feo que yo lo diga, pero en mi pueblo ya lo sabÃan.