Archivo de Diciembre de 2006

MANTRA NÚMERO TRES: “TODO ES VENENO, NADA LO ES. DEPENDE DE LA DOSIS”

Domingo, 17 de Diciembre de 2006

En los años 70, en plena explosión de grupos apocalípticos, uno de ellos adquiere gran fama por la cantidad de adeptos que logra captar. Se denominan a sí mismos HIM (Human Individual Metamorphosis).  Están dirigidos por Bo y Peep, dos personas se habían convertido en los líderes míticos del grupo hablando a sus discípulos de una forma de vida eterna que ofrece la ventaja de no tener que morir previamente.  Los adeptos pasan, únicamente, por una especie de ascensión física: aquellos que adquieren el suficiente nivel espiritual serían rescatados en OVNIS antes de la gran catástrofe.
Lo más fascinante de este culto es que siguió expandiéndose a pesar de que alguien descubrió el origen de sus dos líderes.  Bo acababa de fugarse de un hospital psiquiátrico en el que estaba internado con Peep, la enfermera que le atendía.  Pero esto, curiosamente, no restó credibilidad a la pareja…

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Me gusta analizar historias como las del grupo HIM para pensar en un tema que me fascina: la influencia de la cultura a la hora de dar forma a nuestras locuras. Yo creo que todos tenemos claro que nuestra sociedad tiene normas implícitas que respetamos cuándo queremos parecer normales.  Sin embargo, no solemos ser tan conscientes de que también se nos dicta cómo volvernos locos sin dejar de estar integrados. Pero lo cierto es que en todas las culturas existen experiencias alucinatorias que se consideran deseables o normales. Y ésas son las que se aceptan. 
Por eso, en nuestra época y en nuestra sociedad, haber visto, oído y olido a los Reyes Magos y a sus camellos, se considera sano y comprensible. A nadie le tachan por eso de loco.
Entre los indios Crow, el valor de un guerrero estaba determinado por la ayuda de su espíritu guardián. Cuando eran jóvenes, los miembros de esta tribu se retiran al desierto para verlo y comenzar su vida junto a él. Después, nunca dejaban de mantener animadas charlas con el espíritu en cuestión. Algunos, incluso, hacían el amor con él (o ella, no estoy muy seguro). Y lo contaban sin problemas a sus amigos.
Y en la Europa del siglo XIV, ver al demonio era algo bastante habitual y ayudaba a las personas a medrar en la escala social. De hecho, no verlo podía ser interpretado como síntoma de problemas de salud mental. Los que no lo veían, se lo inventaban.

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En general, en todas las épocas y lugares existen ámbitos en los que la alucinación y el pensamiento mágico resultan muy adaptativos. En estas atmósferas, es fácil que interpretemos los estímulos ambiguos como hechos mágicos (OVNIS, vírgenes, demonios…)  Y no es de extrañar: son ambientes que nos crean estados de conciencia que favorecen las alucinaciones. En esos medios ayunamos a menudo, nos  aislamos de los estímulos exteriores, oímos músicas acompasadas a los latidos de nuestro corazón, miramos luces intermitentes (velas, hogueras o neones de discoteca) y nos drogamos con diversas sustancias. Y así cualquiera…
 
En todas las sociedades hay submundos en los que apartarse del pensamiento racional está muy bien visto. Son entornos que nos sientan muy bien mientras no perdemos contacto con el mundo exterior. Pero si rompemos ese vínculo, el asunto puede no estar tan claro. Podemos acabar teniendo la mente tan abierta que, al final, se nos escapen las ideas.
Peep se llamaba, en realidad, Marshall Herff Appelwhite. Cuando se cansó del HIM, fundó la Heaven’s Gate.  Una treintena de sus miembros se suicidaron en Marzo de 1997. Y no sé si descansan en paz.




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