A DIOS ROGANDO Y CON EL MAZO (DE LA JUSTICIA) DANDO
Miércoles, 20 de Diciembre de 2006Hace unos meses, una primicia llegada de Rumanía sorprendió a propios y extraños (yo creo que más a los propios que a los extraños, pero respeto las frases hechas).
La noticia era la siguiente: Pavel M. había demandado a Dios.
El querellante, que daba como domicilio la Penitenciaria de Timisoara, solicitaba acciones legales contra Dios (residente en el cielo, como todos sabemos), aduciendo que era culpable de los siguientes delitos: estafa, ocultamiento, aceptación de sobornos y tráfico de influencias…
Según el litigante, las acusaciones se basaban en un incumplimiento de contrato. Su bautismo, según él, fue un pacto legal con Dios. A cambio de alejarle del Diablo y sus problemas, el Altísimo recibiría varios bienes y gran cantidad de oraciones. Pavel cumplió su parte del contrato pero Dios no, porque el querellante había seguido en contacto con el Mal. Eso último era un hecho constatado: en el momento de hacer la demanda se encontraba en la cárcel cumpliendo una condena de veinte años por homicidio.

Los seres humanos tenemos control interno cuando sentimos que llevamos las riendas de nuestra vida, es decir, cuando creemos tomar nosotros las decisiones y pensamos que controlamos los acontecimientos. En otras ocasiones tenemos control externo, porque sentimos que lo que ocurre no está en nuestras manos.
Si nos responsabilizamos a nosotros mismos de nuestros éxitos y nuestros fracasos, estamos actuando desde el control interno. Si echamos la culpa al destino, a la mala suerte, a nuestro signo del horóscopo o a Dios, pensamos con control externo.
Como suele ocurrir con todas las diferencias humanas, las dos tácticas son adaptativas. En ciertas ocasiones, es más funcional tener sensación de control sobre nuestras vidas: si es cierto que podemos cambiarlas, eso nos ayudará a hacerlo. En otras, es mejor delegar en otros la culpa: si no podemos hacer nada por nosotros mismos, eso nos ayudará a no sentirnos culpables.

Nuestro querellante, desde luego, era de los de control externo. En su demanda contra Dios aducía que éste le había dejado en manos del Diablo contra el cual él creía no poder luchar solo. Según Pavel, sin la ayuda del Altísimo, es inevitable caer en las garras del mal.
Lo que nunca sabremos es la opinión del acusado. De hecho, la demanda fue desestimada precisamente por ese motivo. La Corte de Justicia de Timisoara, que fue la que recibió la demanda, no sabía que hacer con ella, así que utilizaron una táctica de control externo: decir que no estaba en sus manos. La enviaron a la Oficina del Fiscal General y éste, astutamente, arguyó que no podía iniciar un proceso en el que era imposible citar a declarar al acusado.
Lo dicho: nos quedamos sin saber si el asunto era de los de control interno o de los de control externo. Así que queda abierto el debate…¿cómo lo veis?