HAGAMOS EL HUMOR, NO LA GUERRA
Lunes, 25 de Diciembre de 2006Hace tiempo, trabajando en campos de refugiados durante la guerra de Kosovo, alguien me explicó este asunto de la risa con la rotundidad que solo pueden exhibir los que han vivido deprisa. Era una mujer que había sufrido salvajadas difíciles de imaginar. Y, sin embargo, se reía continuamente.
Por supuesto, los que no habíamos vivido su vida nos extrañábamos de su actitud. Esperábamos manifestaciones de dolor, no de humor. Ella me explicó la paradoja en dos frases: “Se nota que los que venís aquí habéis sufrido poco, porque estáis siempre serios. Los que hemos padecido tenemos que reírnos, porque sino no aguataríamos la vida”.

Estamos en fechas que son curiosamente propicias para acordarnos de todo lo negativo. Con tanto desfile de buenos sentimientos los seres humanos, a los que nos gusta llevar la contraria, acabamos siempre acordándonos de las cosas que van mal. El cambio climático, las guerras, el hambre…Pero también la hipocresía de muchas de nuestras relaciones familiares, los cariños fingidos, la incomunicación… Sí, es fácil pensar que hay pocos motivos para reír en Navidad.
Sin embargo, esta mujer me enseñó para siempre que siempre hay un motivo para sacar a la luz nuestro sentido del humor se ponga como se ponga la vida: los problemas se afrontan mejor con buen estado de ánimo. Reír sirve para salir de la circularidad con que abordamos los grandes temas existenciales (esos en los que nos da por pensar en estas fechas). El cachondeo es bueno para estos días, porque el humor ablanda, ve y entiende lo que no puede comprender la razón.
Los seres humanos cerramos con frecuencia los ojos a determinadas soluciones porque nos parecen demasiado sencillas. Y eso es lo que evita el sentido del humor: quitando tabúes, eliminando mitificaciones y melodramas fingidos, saca a la luz lo esencial. Las carcajadas son clarificadoras y ayudan a buscar ideas que han sido sumergidas en mares de turbios intereses emocionales.

Y es que ya lo dijo el Comandante Marcos, del Ejército Zapatista, refiriéndose al espíritu de los Chiapas mexicanos: “Contra el horror, humor. Hay que reír mucho para que este mundo no salga cuadrado y pueda girar. La risa ablanda“.
El cachondeo, a fin de cuentas, es el único medicamento sin efectos secundarios. Y la única forma de hacer ejercicio sin tener que cansarse. Así que voy a hacer caso de aquello que escuché una vez en un campo de refugiados. Voy a ver si me echo unas risas en estas fechas a cuenta de mí mismo y de mis relaciones con los míos. Ignoraré a mi mente, que seguro que se pasará el tiempo pensando que las cosas podrían ser de otra manera. La risa compartida es el acto de amor más íntimo que conozco y el cariño es la única razón que se me ocurre para estar cerca de ciertas personas.
Así que en estas Navidades intentaré hacer el humor, no la guerra. Las fiestas no sé si me saldrán felices, pero seguro que me salen cachondas.