Archivo de Diciembre de 2006

LOS QUE NO SE CONFORMAN

Viernes, 29 de Diciembre de 2006

Marie Duplessis, la que luego sería conocida como la dama de las camelias, vivió en Francia durante el siglo XIX. Desde muy joven, llamó la atención por su belleza.  El dramático contraste entre su pelo oscuro y su pálida piel la dotaba de un gran atractivo.  Como ha ocurrido en muchas épocas, el siglo XIX francés promocionaba un tipo de belleza femenina que, en realidad, se relaciona con la debilidad física. Y Marie se ajustaba a ese prototipo. De hecho, Marie Duplessis estaba enferma. Y lo sabía: sospechaba que moriría joven y convirtió su vida en una lucha contra el tiempo. Quería encontrar la felicidad antes de que la muerte la encontrara a ella. 
Por su vida pasaron muchos hombres, pero ella siempre buscaba en ellos mucho más de lo que éstos podían darle.  Por eso nunca se sentía feliz.  Cuando Alejandro Dumas (el escritor que luego narraría su historia) le declaró su amor, ella le previno: “Ten cuidado: puede ser que te rechace, en cuyo caso te sentirás agraviado por mí; pero puede ser que te acepte, y te verás con una amante abatida, con una mujer nerviosa, enferma y melancólica, cuya alegría te parecerá aun más triste que su dolor”.
Marie Duplessis, que no soportaba el perfume de las flores, vivía encerrada en una cárcel de camelias porque éstas son las únicas flores que no huelen.  Y desde allí trataba de enfrentarse con un mundo que siempre la decepcionaba.  El compositor y pianista Franz List y el mismo Alejandro Dumas fueron algunos de sus amantes.  Pero ninguno la complacía.

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Probablemente, los seres humanos sólo tenemos dos maneras de evaluar nuestra vida.  La primera consiste en comparar lo que nos ocurre con un ideal que hemos imaginado.  Cuando usamos esa técnica para decidir si somos felices, inventamos un mundo perfecto habitado por seres perfectos y comparamos nuestra vida con ese modelo.  No nos conformamos a no ser que encontremos ese ideal.
La segunda técnica para ver cómo va nuestro mundo es comparar con lo que hay.  Miramos a nuestro alrededor e intentamos ver si, en nuestro contexto, nos va bien.  Es, desde luego, una forma de actuar más realista.  Si actuamos así, nuestras expectativas excesivas no nos perturban.  Fluimos con la vida, porque no esperamos nada más allá de lo posible.

El problema de los realistas es que nunca aspiramos a lo utópico y eso nos puede convertir en personas demasiado conformistas.  Pero, desde luego, nos libramos del riesgo de vivir como La Dama de las Camelias: deprimidos porque no llega lo que no existe mientras somos incapaces de apreciar lo que tenemos delante.

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En estas fechas, todos andamos haciendo planes para el año que viene. Habrá algunos que se conformen con lo que tienen. Habrá otros que sueñen con mucho más sospechando que nunca lo tendrán. Esa insatisfacción perpetua de los que aspiran a la utopía la entendió muy bien Alejandro Dumas.  Cuando dejó a nuestra protagonista le escribió una carta en la que le decía: “No soy lo bastante rico para amarte como quisiera, ni tan pobre como para que me ames como quisieras?. 

Marie Duplessis murió en Paris a la edad de 23 años esperando al hombre ideal. 

A ver cómo se porta el año que viene. O mejor: a ver si el año que viene se parece a lo que cada uno quiere que sea. Que ya va siendo hora.




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