Archivo de Noviembre de 2006

MANTRA NÚMERO UNO: “NO EXISTEN MANTRAS TODOPODEROSOS”

Jueves, 16 de Noviembre de 2006

A lo largo de la historia de la humanidad, la idea de que la mente puede ejercer un total control sobre la materia ha ido surgiendo explícita e implícitamente en religiones, escuelas de pensamiento y diversos movimientos esotéricos.
La escritora Susan Sontag cuenta en su libro “La enfermedad y sus metáforas? uno de los formatos que ha tomado esa idea en los últimos siglos.  Para aquellos que creen en lo mental como un superpoder capaz de controlar todo, las enfermedades no son más que una manifestación de los problemas del espíritu.  Y así, por ejemplo, la tuberculosis no es más que el síntoma de los problemas del hombre romántico.  La sífilis, la consecuencia del desorden mental causado por una vida sexual demasiado intensa. Y el cáncer (que era la enfermedad que la escritora padecía mientras escribía el libro) acabó asociado a la excesiva culpabilidad de las personas.
El riesgo de esta brutal sacralización de lo mental es evidente: si creemos que lo psíquico puede controlarlo todo, nos sentiremos frustrados y desbordados continuamente porque chocaremos con circunstancias contra las cuales lo psicológico no tiene nada que hacer. La idea de que la mente puede con todo solo tiene un inconveniente: es mentira.
La creencia en la omnipotencia del espíritu produce problemas de frustración. Lleva, por ejemplo, a que en una encuesta de los años ochenta (cuando estaba tan de moda el parto sin dolor por medios naturales) surgiera como sentimiento dominante la culpabilidad de muchas mujeres que no habían conseguido prescindir de los anestésicos tradicionales.  Y también lleva a la sensación de impotencia que sintió la misma Susan Sontag: a ella le hicieron creer que podía salvar su vida si curaba su mente. Pero “curar la mente” es una frase demasiado ambigua y ella acabó por dudar si la culpa de no conseguirlo la tenía ella.

La influencia de lo psíquico sobre lo físico es mucho más difusa y difícil de controlar de lo que sugieren sus adalides.  Las pruebas del total dominio de la mente sobre la materia son, al final, desmentidas.  Un ejemplo clásico es el espectacular fenómeno de aquellos que caminan sobre brasas.  Según los defensores del superpoder de la mente, las personas que consiguen este prodigio lo hacen gracias a que su fuerza mental altera la química corporal. 
Sin embargo, los físicos que han estudiado el tema han llegado a la conclusión de que el secreto no está en la capacidad mental de modificar las sensaciones, sino en la poca conductividad térmica de los carbones de leña. Los carbones retienen poco calor y si uno pisa menos de dos segundos cada ascua no se quema.  En realidad, la técnica consiste en eso: no vacilar y pasar deprisa.  Ya lo decía mi abuelo: piensa rápido, camina ligero…y nunca te quemarás.
De hecho, los físicos autores del estudio no dudaron en demostrar su teoría.  Convocaron a un nutrido grupo de personas y les invitaron a caminar sobre fuego.  Todos los que creyeron a los científicos y caminaron sin vacilar, pasaron sin quemarse. 
Supongo, eso sí, que los que realizaron la proeza tuvieron que controlar su miedo. Seguro que eran personas que tenían un gran dominio mental sobre el propio cuerpo. Y por eso sabían que ese control mental nunca tuvo nada de mágico…y que, de hecho, no existe ningún control mágico en ninguna parte de la mente.
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