LOS PROFESIONALES DEL PESIMISMO
Lunes, 20 de Noviembre de 2006Se cuenta que uno de los textos más antiguos de la historia de la humanidad es una tablilla babilónica. En ella, el autor se lamenta del rumbo que está tomando la gente que tiene alrededor. Dice que todo está lleno de corrupción, que la gente ha perdido los valores y que las cosas ya no son como antes. El final del texto es una de las frases más repetidas en la historia: el autor dice que las cosas están tan mal que es imposible que permanezcan así. El mundo, según el anónimo escritor, toca a su fin.
El texto babilónico está escrito hace miles de años y, sus augurios no se han cumplido. Pero no importa: millones de personas vuelven a repetir estos agoreros pensamientos una y otra vez. El formato es diferente, pero el mensaje que estas personas trasmiten es siempre el mismo: las cosas van cada vez peor, cualquier tiempo pasado fue mejor y no tiene sentido intentar nada porque, tal como está el mundo, cualquier tentativa de mejoría es inútil. Hay que tener miedo al futuro y a todas las novedades que nos trae, porque, según ellos, van a empeorar el mundo hasta destruirlo.
Siempre, a lo largo de toda la historia, han existido Profesionales del Pesimismo: son personas que han conseguido dinero o poder infundiendo temor a lo que está sucediendo. En el siglo XVIII, por ejemplo, la época en que en Francia y Alemania se multiplicaron los testimonios sobre hombres lobo que asolaban los campos causando la muerte de ganado y de personas, esos países se llenaron de cazadores de hombres lobo. Esos individuos, por supuesto, cobraban por librar a las comunidades de los hombres lobo. Usaban las tácticas de siempre: expandían el pesimismo augurando malos tiempos, infundían miedo, buscaban un chivo expiatorio (cualquier persona que tuviera las cejas muy espesas podía servir) y utilizaban los medios de comunicación de la época para expandir sus malos augurios (escribiendo libros o encargando esculturas terroríficas). Eran eficaces Profesionales del Pesimismo que utilizaban el pánico colectivo como forma de enriquecerse económicamente o de adquirir poder.

Hoy en día, seguimos rodeados de este tipo de personas. Algunos nos intentan vender recelo hacia otras culturas a las que acusan de provocar todos los males del mundo. Otros, nos trasmiten su desasosiego por la difusión de nuevas tecnologías que ellos dicen que van a hacer un mundo peor. Incluso los hay que estigmatizan a todos aquellos que disfrutan de placeres que ellos no pueden saborear argumentando que ese hedonismo es negativo para la sociedad. Por supuesto, una vez que nos han metido el miedo en el cuerpo, estos Profesionales del Pesimismo se ofrecen después como salvadores.
Evitar esos miedos inculcados no es tarea fácil, porque estos Profesionales del Pesimismo acaban teniendo el control de la opinión pública: vender temor y desasosiego es más fácil que vender optimismo y alegría de vivir. Los casos negativos llaman más la atención y son muy fáciles de localizar como ejemplos. Los positivos pocas veces aparecen en los medios de comunicación…
Pero la labor merece la pena: los temores impuestos acaban siempre por limitarnos y solo favorecen los intereses de los que los han creado. Acabar con ellos nos hace libres, pero requiere un esfuerzo continuo porque los Profesionales del Miedo siempre encontrarán otros nuevos miedos para sustituir a los antiguos.
Quizás por eso dicen que, cuando se lucha contra el miedo, no hay que buscar la sensación de libertad, sino más bien la de liberación.