MANTRA NÚMERO DOS: “NO EXISTEN MANTRAS QUE SIRVAN PARA TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS”
Jueves, 23 de Noviembre de 2006Os voy a contar dos historias de Halloween. Las dos parecen mentiras. Las dos son reales…o, al menos, han salido en los periódicos. No es que yo crea que lo que cuentan los medios de comunicación es más real que la fantasía. Es, simplemente, que carezco de imaginación y tengo que copiar de algún sitio…
La primera historia tiene tintes macabros. En un pueblo del estado de Dellaware, en Estados Unidos, una mujer de cuarenta y dos años eligió la siniestra fecha del uno de noviembre para suicidarse. Así que se subió a un árbol, se ató una soga al cuello, se ahorcó…y se quedó allí colgada durante catorce horas, porque los vecinos creyeron que se trataba de un adorno típico de esas fechas. Nadie se dio cuenta de que este muerto iba en serio y allí estuvo la pobre mujer bamboleándose durante mucho, mucho tiempo.
La segunda noticia ocurrió también en Estados Unidos, cerca de Washington. Allí, en la misma fecha, una mujer disfrazada de bruja intentó asaltar un banco. Con su sombrero violeta, su capa negra y su peluca de cabello largo y rubio, la aprendiza de ladrona amenazó con sacar un arma (que no era la escoba) y consiguió que el cajero le entregara el botín. Por suerte o por desgracia (según el punto de vista), la historia de la bruja acabó bien para ese establecimiento: entre los billetes había escondida una caja de Halloween con tintura de color que explotó y acabó asustando a la ladrona y haciéndola huir. Aún así, el sucedido acabó mal para otro banco cercano: la mujer, frustrada, consiguió atracarlo media hora después. Eso sí: había cambiado de táctica. Esta vez no utilizó el disfraz de bruja.
Moraleja: no se puede jugar con la muerte y la brujería en Halloween, porque nadie te toma en serio…

Los actos de las personas son o no sensatos según el ambiente en el que se producen. Ser feliz consiste, en gran parte, en adaptarse al ambiente. Si no lo hacemos, si somos rígidos y usamos las mismas estrategias (emociones, pensamientos y actos) en todas las circunstancias de nuestra vida, entonces los demás acabarán por llamarnos locos.
Los ejemplos son continuos: tener pensamiento paranoide e imaginar enemigos en todas partes es poco adaptativo en nuestra vida cotidiana. Pero hacerlo en medio de una guerra puede ser una buena estrategia de afrontamiento, muy adecuada a la situación…
Odiar a alguien en circunstancias normales es un sentimiento que solo nos va a traer consecuencias negativas. Pero tener ese sentimiento cuando estamos tratando de alejarnos emocionalmente de una persona con la que acabamos de romper como pareja puede ser muy sano y adaptativo…
Gritar, en general, suele ser la mejor forma de conseguir que no nos escuchen. Pero hacerlo en determinados momentos concretos, cuando nos hemos dejado humillar durante mucho tiempo, puede ser una buena manera de recuperar el pulso de la situación…
En fin, que ninguna acción, emoción o pensamiento son intrínsecamente buenos o malos. Todo depende del contexto. Mi abuelo me lo recordaba siempre: hay que elegir entre ser un loco entre los locos o un loco solitario. Y lo segundo es muy aburrido y acaba pareciéndose a la prepotencia.