Archivo de Octubre de 2006

HAY UN HOMBRE SENTADO AL PIANO

Lunes, 30 de Octubre de 2006

F�LIX LABISSE

En el mundo en el que yo vivo, la mentira ya no está en lo que se dice: está en lo que no se dice. No es útil engañar completamente, porque siempre hay un envidioso que acaba cogiendo al mentiroso…incluso antes que al cojo. Pero cuando alguien es capaz de callar lo que no le conviene y dejar que los demás inventen su historia, acaba gustando tanto que nadie tiene ganas de quitarle la máscara. De hecho, la trampa puede seguir eternamente. A no ser que uno se harte de ser quien no es y acabe despojándose de la careta que los demás le han dibujado…

“Esta es la historia de un sábado
de no importa qué mes
y de un hombre sentado al piano
de no importa que viejo café”

“Piano man” apareció un lluvioso mes de Abril en las costas de Kent, en Inglaterra. Era un chaval que quería ser querido, que deseaba convertirse en un mito y ser cuidado y mimado por los que le rodeaban. Así que dejó de ser él y se calló.
Durante cuatro meses, el joven no dijo ni una palabra. Se limitó a hacer un dibujo misterioso de un piano y a tocar ese instrumento musical como él sabía hacerlo. Cuando alguien le fotografiaba, “Piano man” ensayaba ese gesto de desamparo que solo aquellos que están necesitados de cariño saben poner. Y así, poco a poco, fue naciendo la leyenda.
En poco tiempo, médicos, psiquiatras, asistentes sociales, detectives y periodistas fabricaron un mito que dio la vuelta al mundo. Era el chico silencioso que quizás padecía estrés post-traumático por algún terrible suceso. También fue el muchacho autista que, increíblemente, interpretaba a Tchaikowsky como los ángeles. O incluso el elegido para la gloria que había entrado en la senda tenebrosa…
“Piano man” se convirtió en todo eso y mucho más. Nuestro protagonista simplemente callaba mientras los demás veían en él lo que ellos querían ver. Y la táctica funcionó hasta que el muchacho se hartó de ser, simplemente, una proyección de los deseos ajenos.
Un buen día (o un mal día, según se mire), el chaval decidió abrir la boca y contar su historia. Y resultó que la historia era dura y humana, como suele ser la vida: era un chico de veinte años de Baviera que cuidaba enfermos psiquiátricos en París. Se había quedado sin empleo, se había marchado a Inglaterra y allí no había encontrado nada. Se había sentido humillado y desamparado (de verdad, no como en el mito que nos habíamos fabricado) y había intentado suicidarse. Tampoco lo había conseguido, así que decidió conquistar nuestro cariño convirtiéndose en lo que nosotros queríamos que fuera. Y la táctica de mendigar el amor de los demás no le fue mal, porque es una técnica que siempre funciona. De hecho, consiguió varias ofertas para participar en reality shows, escribir libros y ser protagonista de una película. Lo que pasa es que se hartó de ser un mito y cumplir las expectativas de los demás…
Lo contó todo, incluyendo el hecho de que sí, por supuesto, se había acercado a un piano y lo había tocado como él sabía…es decir: mal. Hizo sonar dos teclas con un dedo y los que le rodeaban acabaron expandiendo la versión de que era un virtuoso del piano.
Lo dicho. En el mundo en el que yo vivo, para convertirse en una persona querida por todos es mejor no mentir: basta con no contar nada y así no correr el riesgo de hablar en contra de uno mismo. Las personas que nos rodean acaban forjando nuestro mito completando las lagunas que nosotros hemos dejado. Nos moldean a imagen y semejanza de sus expectativas y acaban dejándonos una figura que no defrauda a nadie…excepto a nosotros mismos.




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